24 de octubre de 2011

Anatomía de la edición

En una etapa clave para el mundo editorial al que pertenezco, en el que cada uno busca soluciones aisladamente (es mi humilde opinión), sin que haya realmente un diálogo/debate entre escritores, editoriales, distribuidores, libreros, lectores e imprentas, se agradecen iniciativas como esta.
Mañana, 25 de octubre participaré en esta mesa redonda con la seguridad de que volveré con un montón de ideas.
Cervezas y libros, no es mala conversación...

23 de octubre de 2011

Casualidad


No es casualidad que aquella maceta cayera desde un quinto piso en mitad de la cabeza del señor Fernández.
No es casualidad que la señora Fernández empujara sin querer la maceta con su generoso culo al girarse en la pequeña terraza para regar la hierbabuena justo en el preciso momento en que su marido daba marcha atrás para subir a su casa porque se había olvidado el móvil.
Casualidad es que esa maceta fuera manufacturada por el alfarero Rodríguez antes de ser amante de la señora Fernández y vendida al matrimonio por la dependienta Pérez, de Floristerías Pérez, antes de acostarse por primera vez con el señor Fernández.

Y recordad que también me podéis en twitter: http://twitter.com/#!/marianozurdo

19 de octubre de 2011

Ópera funesta


Al terminar el aria más exigente jamás cantada, el tenor cayó desplomado al foso de la orquesta, ante la sorpresa del público que pasó de la ovación cerrada al silencio profundo en menos de un segundo.
                El informe del forense no dejaba lugar a las dudas: «Fallecimiento por aplastamiento cervical».
                La familia de la viola muerta ha emprendido acciones legales contra los herederos del compositor de tan funesta ópera.

16 de octubre de 2011

Concesiones al demonio


De todos es sabido (de todos los que me leen, así que lo mismo de nadie es sabido) que no suelo hacer crítica literaria. A lo sumo recomiendo algún libro o desaconsejo otro. Y las escasas veces que lo hago, la crítica jamás la baso en parámetros técnicos sino en parámetros disfrutones.
                Acabo de terminar Concesiones al demonio, de Óscar Sipán, recientemente editada por la aragonesa Ediciones Nalvay. He de decir que mi visión del libro no es objetiva, y ni falta que hace. Aparte de lo que me toca leer profesionalmente, en “mi vida civil” leo lo que me apetece en los escasos ratos que tengo, y esta novela la he leído porque conocí personalmente a los editores en la SELÍN y me cayeron requetequebien y con Óscar he coincidido más veces, compartimos profesión (aunque él me lleva ventaja en todos los sentidos) y es un tipo la mar de agradable.
                Concesiones al demonio no es su primer libro editado pero sí su primera novela, y se nota. Esto no es una crítica negativa, sino algo lógico. En ella Óscar nos desgrana la vida secreta de los vecinos de una comunidad. Sí, la vida secreta porque Óscar defiende que todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta.
                Óscar maneja la prosa con una soltura envidiable, la mima, tiene un estilo pulcro, elegante, sin más artificios que los estrictamente necesarios. Regala imágenes contundentes, eficaces, muy descriptivas. Se le cuelan algunas un tanto manidas, pero en general demuestra que tiene una cosecha propia que irá desgranando en futuras novelas.
                Me gustan las novelas de personajes, aquellas en las que el peso se pone en quitar capas de la cebolla psicológica de los mismos. Tanto me gustan que es lo que suelo escribir. Seis son las personas que Óscar desnuda, entremezcla, con una dosis de humor sutil que hace que te leas Concesiones de un demonio con una ligereza que no esconde una realidad dura, a veces áspera.
                No diré más, sino que Nalvay y Óscar Sipán han formado un magnífico tándem. Y se confirma una vez más que por Aragón se edita y se escribe muy buena literatura.

Web de la editoria Nalvay: http://www.edicionesnalvay.es/

Un abrazo zurdo para todos y todas.

12 de octubre de 2011

Entrevista en El Heraldo del Henares

Y para resumir mi entrada anterior, esta entrevista que me han hecho en El Heraldo del Henares:

11 de octubre de 2011

Novedades talenturosas

Queridos amiguitos y amiguitas:
Os pongo al tanto de las novedades de Talentura, ya que de mis avances como escritor solo puedo decir que sigo esperando respuesta de las editoriales a mi novela y que tengo parado mi libro de relatos por falta de tiempo (snif).
En los últimos días hemos sacado dos libros, La memoria del gintonic (novela corta) de Antonio Báez, y Amor manual (poemas) de Ángel Muñoz. Estamos muy ilusionados con ambos proyectos, ya que los dos son apuestas valientes de sus autores. Antonio y Ángel están buscando su propio estilo, desnudándolo, y es una búsqueda muy de agradecer, ya que muchos escritores se limitan a repetir aquellas pautas que está comprobado que funcionan.
No menos ilusionados estamos con Discordancias, el primer libro de relatos de Elena Casero. Esta misma mañana lo hemos metido en imprenta. En breve tendremos fecha y proporcionaremos en la web toda la información sobre el libro.
Y esto no para, porque de aquí a finales de año publicaremos, al menos, Historias del bajo vientre (relatos) de Luis Ricardo Suárez y 2022-La guerra del gallo (novela) de Juan Guinot. ¡¡¡Más madera!!!
Con este panorama me da que tendré que desempolvar la maleta de la Piqué porque empieza la tourné por esas tierras del dios de los ateos...
Y como la cosa empresarial está jodida, y a instancia de seguidores y/o amigos, nos hemos animado a sacar la campaña ¡Talentura sale a bolsa! No nos haremos ricos, pero la satisfacción de ver todo el apoyo que tenemos es emocionante. Gracias a todos y todas los que ya habéis participado y a todos y todas los que en un futuro os animéis a contribuir a la cosa talenturienta, de una u otra manera.
Como veis ando más liado que la pata de un romano, pero contento.
¡Abrazos zurdos para todos y todas!

4 de octubre de 2011

Historias otorrinolaringológicas


Por no aburrir, creo que ya lo he contado quinientas veces, tengo una hipoacusia mixta irreversible con acúfenos en el oído izquierdo. Lo que viene siendo que estoy sorderas de la zurda, que no tiene solución y que encima tengo ruidos.
Tranquilos, que entre el psicólogo y mi confesor lo tengo más que superado.
El caso es que como se trata de una enfermedad crónica sin posible tratamiento quirúrgico, pues me derivaron del Hospital de la Paz (estupendos médicos, desastre de gestión, incluido extravío de todo mi historial) al centro de especialidades.
Hete aquí que me presenté para la primera revisión en dicho centro y le tuve que contar al otorrino con pelos y señales todo mi historia clínica, historia que fue apuntando a manubrio en un papel. Papel que me dio para que yo custodiara en mi casa y lo trajera a las sucesivas visitas. Y obediente que es uno, así lo vengo haciendo. Cada vez que voy el otorrino vuelve a leer todo lo que ha escrito, obviamente cada vez hay más líneas que leer, y sigue apuntando las buenas nuevas, que en realidad es la constatación de que todo sigue igual.
Teniendo en cuenta que me hago revisiones cada seis meses y que esto es para toda la vida, he calculado que llegará un momento en que me pasaré toda la mañana en el otorrino, esperando a que termine de leerse todo lo que él ha ido apuntando a lo largo de los años.
Esta mañana me ha salido la vena de editor y le he propuesto que para el 2020 podríamos publicar todos sus apuntes sobre mi oído izquierdo. Tengo hasta el título: Historia de un silencio zurdo.
El otorrino ha apuntado en el historial mi propuesta y me ha pedido hora para el psiquiatra. Lejos de preocuparme, la noticia me ha fascinado. Si el psiquiatra es tan eficiente como el otorrino, para el 2025 podremos publicar también mi biografía.

3 de octubre de 2011

Estampa sevillana


Estampa fotografiada en la Alameda de Hércules, de Sevilla, tomando una cañita y un salmorejo, antes de presentar Elefantiasis, de Raúl Ariza. Escrito sin pretensiones. No siempre las tienen que tener. Es más, cada vez estoy más convencido de que ganan sin ellas.


Siempre empujando el carrito cojo del supermercado, así entra en escena en la Alameda de Hércules. El reponedor que lo dejó junto a los contenedores porque la rueda derecha delantera tranqueaba no sabía el regalo que le estaba haciendo. Nadie que no tenga que transportar toda su vida a cuestas podría entender lo que significa poder llevarla recogida y rodando, aunque sea a trompicones.
                Bien es cierto que ella cada vez conserva menos cosas. A algunos les da por acumular y a ella por quedarse con lo imprescindible. Le han robado demasiadas veces. Si quieren basura, dice por si alguien quiere escucharla, que se manchen las manos rebuscando en la basura como yo hago. La acompañan dos chuchos diminutos. Ella defiende que siendo los tres callejeros, ella es la que tiene menos pedigrí. «Los perros me los encontré en la calle, yo ya estaba en ella.»  Son difíciles de llevar, ella los educa a correazos. Si alguien se lo recrimina no se calla. «Defensores de los animales de mierda, cabrones, ¿dónde estabais cuando la vida me trataba a correazos?, ¿dónde os escondéis cada vez que lo sigue haciendo? Cuando nadie me ve yo les beso, les acaricio, les abrigo. Cuando nadie me ve a mí es que estoy sola, cabrones, defensores de los animales del carajo.»
                Su ruta diaria es la misma, busca siempre donde no encuentra y se sigue sorprendiendo cada día cuando doña Antonia le da una barra de pan y un euro, y eso que lo lleva haciendo quince años. Antes le daba cien pesetas, ahora un euro. Y ella tan contenta porque desde que somos europeos ella ha salido ganando con la moneda diaria de doña Antonia. 
                Si alguien quisiera escucharla estaría encantada de contarle por qué está en la calle, pero todos se excusan diciendo que es peligrosa porque pega a los chuchos y porque habla sola. «Hablo sola porque no queréis hablar conmigo, malnacidos. Es más cómodo que yo sea la asocial, la que se aísla, así podéis confesaros al cura párroco de nimiedades masturbatorias para quedar bien, sin tener que reconocer grandes pecados. Cobardes, no queréis  enfrentaros a uno de vuestros posibles futuros. Mi presente es solo eso, uno de los posibles futuros que jamás contemplé.»
                Desaparece de mi ángulo de visión. Yo mañana no estaré aquí. Quizás si estuviera ya no me fijaría en ella.