18 de noviembre de 2009

Presentaciones policarbonadas

Queridos amiguitos y amiguitas:
Caigo por acá, por mi blog, para dar señales de vida, no sea que a golpe de ausencia os olvidéis de este pobre zurdo que últimamente no tiene tiempo ni para respirar. Casi echo de menos, y no exagero, leeros que actualizar, pero ahora toca volcarse en el trabajo.
Y de trabajo os hablo, no para justificarme, sino para compartir con todos vosotros la parte pública de él: los libros editados y, esta vez, más concretamente, de las presentaciones policarbonadas de estos libros. Preparaos, que vienen curvas...

Presentación de Tribulaciones de un sicario
20 de noviembre, viernes, a las 20,00 horas
Lugar: Local social de la
Unió Musical L`Horta del barrio de Sant Marcel.lí
C/ Músic Cabanilles, 48 baix, Valencia
Tribulaciones de un sicario, de Elena Casero, es una novela corta, de corte negro-humorístico que ha tenido gran acogida, tanto, que ya vamos por la segunda edición.
Esta vez no podré acompañar a Elena, pero sé que irá todo bien.

Presentación de Estampaciones
21 de noviembre, sábado, a las 19 horas
Lugar:
Librería La Clandestina
C/ Palma 49, Madrid

Estampaciones, de Alena Collar, es un libro de relatos y estampas recién salido del horno. Es un libro evocador, sutil, sencillo, que coquetea con el lenguaje directo en algunos de los relatos y con el lenguaje poético en otros. Y, como plus, no está exento de dosis de humor.
Presentaré yo el libro como editor de la cosa.

Presentación de Una brecha en medio de la rutina
26 de noviembre, jueves, a las 19 horas
Lugar: Auditorio de
Canet d,En Berenguer
Canet d,En Berenguer, Valencia


Una brecha en medio de la rutina, es un libro de relatos escrito por dos enfermeras, Carmela y Tere. En el libro abordan la enfermedad, la brecha en la rutina, con optimismo, cierto humor y, sobre todo, con un absoluto respeto por la dignidad de los enfermos.
También presentaré yo el libro.

Presentación de Relatos metropolitanos
11 de diciembre, viernes, a las 20,00 horas
Lugar:
Entrelíneas Librebar
C/ Gonzalo de Córdoba 3, Madrid

Relatos metropolitanos, del menda lerenda, es un libro de relatos escritos en el metro de Madrid. Los tres primeros son, además, relatos transcurridos en el metro. Los tres segundos los traía inspirados de casa.
A falta de alguien que se ofrezca voluntario, y en un acto de egolatría zurda, me presentaré a mí mismo.

Sí, ya sé que muchos estaréis pensando cómo este tío tiene la cara de presentar un libro que se publicó hace un año. Pues ya veis, he estado tan ocupado mimando a mis/nuestros autores, que apenas he tenido tiempo de promocionar mi libro. Así que, animado por algunos amigos que confían en él, me he lanzado a ello. Encima lo presento en un sitio nuevo que os recomiendo, un café literario que apuesta por las editoriales independientes y los autores desconocidos. ¡Igual de locos que nosotros!
Os mantendré informados, porque quiero preparar alguna cosilla que puede ser divertida.

Ahora ya sabéis en donde estaba escondido, aunque casi todos los sabíais. Para colmo llega la navidad, grrrr, y el trabajo librero aumenta exponencialmente.
Siento no haber contestado a los comentarios de las entradas anteriores.
Y tranquilos, que no voy a poner publicidad en mi blog (que ya la hago yo sobre mis negocios y de manera gratuita, jajajajaja).
Besitos/azos y un abrazo zurdo para todos y todas

5 de noviembre de 2009

Retrato zurdo: Escena 17

Anclado de codos sobre los muslos. Un muslo suyo, dos míos. Un brazo suyo, todo yo. Cabeza descuidadamente rapada, pendiente minúsculo en la izquierda. Un tatuaje grande pero sutil escala por las fibras en espaldera de su bíceps izquierdo (no es que insista en mi vocación zurda, sino que estoy sentado a su siniestra, por lo que su lado diestro se me oculta como la más oculta de las caras de la luna). Ese tatuaje se cuela a duras penas entre la camiseta más ajustada del mercado y la piel más tersa de los gimnasios, anunciando que debajo de su ropa deportiva, probablemente, proliferen más tatuajes (o todo ése se enrede ilustrando esa enciclopedia de anatomía andante). Pantalones de chándal, zapatillas de deporte. Ni reloj, ni móvil, ni cartera a primera vista (intuyo que estarán en el bolsillo derecho que no veo). En las manos, un puñado de hojas (cuento cinco) escritas a mano y arrugadas, manoseadas de tanto pasarlas compulsivamente. Lo que me extraña es que no estén ya en juliana vistos los dedos enormes y de lija, pequeños bíceps endurecidos, producto de sujetar con fuerza las mancuernas, ésas que se empeñan en demostrar que la fuerza de la gravedad existe.
Cinco hojas enumeradas, con una letra precipitada (o fruto de una lentitud por falta de costumbre). En la primera, un encabezado en mayúsculas doblemente subrayado: ESCENA 17.
Dos personajes, ELLA Y ÉL dialogando. Las frases de ÉL iluminadas en fosforito amarillo. Repite en silencio y a oscuras cada frase. Repite media frase y abre los ojos porque no se acuerda de la segunda parte. Pasa de página y repite la operación como en una máquina de energía continua (de fallar continuamente).
Aunque la letra es cuneiforme, de tanto pasar página, paradójicamente, se van aclarando los trazos y soy capaz de leer todas las líneas. A las dos paradas ya me sé todo el diálogo. Estoy a punto de ofrecerme para darle la réplica, pero el pudor me lo impide. Si lo hubierais leído lo entenderíais. No reproduzco la conversación para respetar los derechos de autor y porque estamos en horario infantil.
Mi imaginación calenturienta y yo nos bajamos del vagón en Tribunal, fin y principio de mis viajes diarios y metropolitanos. Y voy camino de la librería repitiendo este retrato zurdo y la escena 17 en mi cabeza, pero esta vez las líneas que están buceando en fosforito amarillo son las de ELLA, y todo el viaje lo hago sentado al lado de una actriz porno.

29 de octubre de 2009

Estampaciones, o el placer de hacer libros

Sí, lo reconozco, estos días ando un tanto quejoso porque de tanto leer manuscritos apenas tengo tiempo para leer la pila de novelas que tengo pendiente y de tanto corregir y hacer libros apenas si tengo tiempo para escribir yo (creo que mi futura novela ha iniciado los trámites de separación por abandono del hogar).
Pero ahora confieso, aunque creo que la confesión es innecesaria porque se me nota a la legua, que disfruto mucho haciendo libros, con todo el proceso que ello conlleva, desde que me llega el manuscrito de la mano temblorosa del autor (o del mail vacilante o la carta trémula) hasta que vendo el primer ejemplar.
Hoy sale a la venta uno de los “culpables” de lo que hablo.
Estampaciones es ya el séptimo libro de nuestra editorial (alguno pensará que “todavía” es el séptimo, pero a mí me parece mentira haber podido editar en un año escaso siete libros de los que estoy sinceramente orgulloso).
No, tranquilos, no les voy a dar la chapa comercial ni les voy a someter a un tostón técnico sobre el proceso de edición; ni siquiera me sumergiré en el análisis literario de este libro en concreto. Éste no es el sitio. Me voy a limitar a decir muy alto que ha sido un auténtico placer editar este libro, construirlo desde el principio con la autora,
Alena Collar, verlo crecer y ver crecer la ilusión en Alena (y en mis interiores también, hombrepordios…).
Estoy firmemente convencido del éxito de este libro. Claro, quizás la palabra éxito no tenga el mismo significado para mí que para las grandes editoriales (éxito=grandes tiradas vendidas). Para mí el éxito es que la gente que lo lea lo disfrute, sea una persona, decenas o cientos. Estampaciones es un libro sencillo, sobrio, amable, evocador, con un humor muy sutil que se cuela entre las estampas, un libro que rezuma literatura… Estampaciones es un libro… ¡Qué leches, cómprenlo y sabrán cómo es Estampaciones! No se arrepentirán, palabra de zurdo (palabra del Zurdo).
PD. Alena, gracias por el libro… y por las rosas.

27 de octubre de 2009

Tengo los huevos como un camión de siete ejes

Entrada-apuesta-reto nacida por un exceso cervecero en la susodicha fiesta blogosférica. Frase propuesta por el simpar Simpulso y reto recogido por mi menda lerenda y, si mal no recuerdo, por los amigos Deprisa y Hastaloscojones. Si alguno de ellos recoge el guante, enlazarelos para que podáis disfrutarlos, hombrepordios...

-Repite conmigo, «Tengo los huevos como un camión de siete ejes» -le decía ella, templada y contundente, con una voz y una prosodia mezcla de José Sacristán y Nuria Espert.
-¿Pero cómo quieres que repita eso? Ni soy capaz ni serviría para nada –contestaba él con la mirada perdida en su propio pozo, el mismo en el que se ahogaba su hilo de voz.
-Quiero que te lo repitas una y otra vez, una y otra vez, cada vez más despacio, en cada ocasión con más peso. Hasta que salga cada sílaba con más fuerza por tus ojos y por tus poros que por tu propia boca. Y cuando llegues allí y le tengas delante, respira hondo, atraviésale con tu mirada y remátale con un simple y fulminante «Tengo los huevos como un camión de siete ejes» -insiste ella sin el menor atisbo de duda.
-No podré, sabes de sobra que no podré… -se lamenta él

Ella rondará los cincuenta. Está tan bien operada que parece que no tiene ni un mínimo empaste. Tacones de aguja firmemente clavados en el suelo, que sostienen dos anacondas de seda que explotan en unos exuberantes senos que compiten en un eterno empate técnico con unos labios perfectos y unos ojos insuperables. El lenguaje no verbal de su melena redunda en el mensaje firme, sin suavizarlo, pero haciéndolo más llevadero. Ropa, segunda piel necesaria para salir a la calle, pero absolutamente insuficiente.

Él ya no cumplirá los dieciocho pero se aferra a ellos como si el diecinueve fuera sinónimo de fin. Un traje demasiado planchado para un cuerpo tendente a tocar el acordeón. Un traje que siempre será dos tallas más, o un cuerpo que siempre será varios purés de lentejas menos. Una voz blanca colgando de una nuez protuberante. Espinillas pugnando en densidad por una barba recién rasurada que ya grisea su cara.

Ella le coge las manos a él, transmitiéndole la fuerza de la tierra que sube por la aguja de sus tacones; fuerza que llega a él en forma de réplicas de terremoto. Ajenos al resto del vagón del metro (el resto del vagón del metro sólo vive para atenderles) repiten a dúo como en un mantra siniestro, «Tengo los huevos como un camión de siete ejes, tengo los huevos como un camión de siete ejes, tengo los huevos como un camión de siete ejes, tengo los huevos como…».

Cada pasajero tiene al menos dos hipótesis, una por oreja. Se miran unos a otros, compartiendo o disintiendo, mientras ella sigue con su arenga y él sigue convencido de su impotencia y de la ineficacia.

-No podré, no me obligues a ello, por favor. Él me noqueará sin necesidad de tocarme, acabará con mi carrera sin ni siquiera llegar a estampar la firma. No puedo, no puedo, no puedo… -se hunde, se encoge, desaparece dentro de su traje demasiado grande y demasiado planchado.

El resto del vagón del metro contiene la respiración creando el vacío, corriendo cortinas de vaho en las ventanillas para que el desenlace quede en el interior del vagón, para que ni la negrura del túnel tenga constancia de él.

-«Tengo los huevos como un camión de siete ejes.» Si fuiste tan valiente de decírmelo al oído mientras me penetrabas en la cocina, con mi marido, tu jefe, aún convaleciente en la habitación de al lado, ten el coraje de enfrentarte a él y de decirle en medio de la reunión, «Tengo los huevos como un camión de siete ejes», sin que venga a cuento y sin reírte.

23 de octubre de 2009

Semana blogosférica

Quizás el título me haya quedado un tanto eufemístico, ya que mi hígado y mis riñones me recuerdan que más bien ha sido la semana cervecera, pero si algunos hablan de daños colaterales y patochadas similares, pues yo hablo de semana blogosférica…
¿Que no entendéis nada? ¡Toma, ni yo! (por la cerveza acumulada). A ver, que alguna neurona alimentada por agua aún me queda para explicarme. El caso es que esta semana he tenido una actividad blogosférica virtual nula (vamos, que ni he actualizado ni he visitado ningún blog), pero he tenido una actividad blogosférica carnal de lo más intensa (y que nadie fabule con el matrimonio carnal e intensa; o sí). Y claro, bien es sabido que los blogosféricos son gente de mal vivir y buen beber (por ello, la ingesta de cerveza que de otra manera no hubiera llevado a cabo…).
He disfrutado de la compañía de Jovekovic (al que no enlazo porque se está reubicando en la red). No me cansaré de recomendar su libro de poesía
Días como todos. Y no porque sea de mi editorial, sino porque es una joyita que no debería de pasar desapercibida. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y Jovekovic por Madrid, pues de paso he disfrutado de la compañía de mis compañeras editoriales y de Wen y de Estilografic (a los que no enlazo por pereza, hombrepordios…).
Ahí no acaba la cosa, que cuando digo que ha sido blogosférica la semana no exagero ni una miaja… Ayer estuve con
Alena Collar enseñándole la última prueba de imprenta de su libro Estampaciones. Mi primer objetivo como editor es que el autor sienta que hemos tratado con mimo y respeto su obra, y a juzgar por las cabriolas ejecutadas por Alena creo que ese objetivo lo hemos cumplido. Ahora sólo queda que el libro pase de mano en mano, de boca en boca, porque creemos que lo merece.
Y como fin de fiesta, y nunca mejor dicho, ayer estuve en la
fiesta de entrega de los premios 20blogs del periódico 20minutos. ¡Ale, más cervezas…! Me apetecía conocer a alguno de esos seres que han luchado por un puñado de votos durante meses, gente estupenda con unos blogs magníficos, con los que he aprendido y con los que me he reído de lo lindo y que ya forman parte de mi selecto y reducido grupo de blogs que intento seguir con regularidad (menos estas semanas). No nombraré a todos y todas por lo de siempre, por no dejarme a alguien en el olvido (o sí, leches, saludos a las Cucarachas, a Juan, a Reina, al profesor de francés, a Simpulso, a Chari, a… ¿lo veis?, ya no me acuerdo de más…), pero permitidme que destaque a tres blogs porque hasta el último día del concurso me estuvieron animando a que no cejara en el empeño, y gracias a ellos quedé quinto en la categoría de personal, que era mi objetivo. Así que un saludo especial:
-a los chicos (y chica) de
Deprisa-Deprisa (blog ganador de la categoría de cultura),
-al amigo H.L.J de
Lo que me toca los cojones (blog ganador de la categoría de actualidad y ganador absoluto del premio otorgado por los blogueros)
-y al amigo Abacab, de
Discos, música y reflexiones (sexto en la categoría de música y sufridor atlético donde los haya).
Este último, el altísimo Abacab, se sacó de la manga hace unos meses unos premios paralelos y oficiosos con el único objetivo de echarnos unas risas en el foroblog. ¡Y gane el premio al mejor avatar! (gracias Poyatos por caricaturizarme tan guapamente). Así que ayer tuvimos nuestro minutito de gloria durante la gala, subiendo a recoger el “Cutre-diploma” que acredita tan importantísimo galardón, y que vendrá a cubrir un desconchón del rincón donde me encierro a novelar (sé que hay fotos de la entrega, pero todavía no las he localizado). Señor Abacab, me pongo a sus pies porque más alto no llego.

Ale, pues disfrutada y relatada la semana cervecera, perdón, perdón, blogosférica, me dispongo a abandonaros nuevamente, porque varios manuscritos me reclaman con urgencia, grrrr.