Pues sigo jugando todos los miércoles en los Diablos Azules a improvisar relatos. Esta vez la frase propuesta era "Caminé siete kilómetros por ti" y me quedé a las puertas de la gloria. Os recomiendo a los madrileños que algún día os paséis porque es muy divertido.
Y antes de pasar al relato propiamente dicho... ¡¡¡SALUD Y REPÚBLICA!!!
Aún hoy porfías. Todavía no he conseguido convencerte de que te quiero.
Cuando nos conocimos por internet te advertí de que uno de los requisitos imprescindibles es que vivieras en mi barrio. No tengo carné de conducir y jamás cojo el transporte público. Reconociste dónde vivías con temor. Lo noté en tu manera vacilante de teclear, cuando, generalmente, parecías una pianista disfrutando de las agilidades.
Dudé, nunca te lo negué. Pero la intuición forjada a golpe de horas de chat me decía que merecía la pena conocerte. Rompí mi propia norma y caminé siete kilómetros por ti.
Llegué a tu casa exhausto. No había caminado tanto desde aquel domingo que me empeñé en comer con pan y se me había olvidado que había huelga de panaderos. El primer esquirol trabajaba muy cerquita de tu casa.
Saliste a recibirme con la silla de ruedas para las visitas. Yo, impulsivo, salí de casa con las muletas de a diario.
Tal y como llegué, me quedé. Llevamos cinco años viviendo juntos y aún hoy dudas que te quiera. Todavía piensas que sigo aquí porque mi casa está a siete kilómetros.





