Ahora, y desde hace un año (a la vida le gusta jugar con este tipo de paradojas) estoy al otro lado. Ahora soy yo el editor y las luchas son otras. Ahora soy yo el que da calabazas y el que se deshace en justificaciones para darlas.
(Aclaro que probablemente debería escribir esta entrada en plural, pero es que yo soy un escritor de primera persona del singular y me encuentro más cómodo expresándome así.)
Durante este año he tenido la oportunidad de leer muchos manuscritos, de entablar conversaciones muy interesantes e instructivas con diferentes autores, desde primerizos hasta avezados (estos últimos, con diferente grado de éxito). Así mismo, he tenido la suerte de compartir experiencias, y sobre todo de aprender, con otros editores.
Prima la visión catastrofista. En todos los sentidos. La catástrofe económica de las editoriales independientes (agravada y mucho por la crisis), la catástrofe puramente artística, ante la avalancha de libros escritos por cualquiera y publicitados por los grandes, la catástrofe profesional, con un descuido del libro como objeto que está llegando a límites panfletarios... La catástrofe editorial, la catástrofe, la catástrofe...
Hace poco me preguntaba alguien en la presentación de un libro cómo veía yo el mercado editorial. Y uno, que es un optimista patológico (difícil de llevar con mi alter ego, el melancólico patológico) comentaba que es cierto que la crisis está agravando el bipartidismo. Vamos, que las grandes editoriales están acaparando aún más el mercado: bajando los precios (no mucho), apostando más sobre seguro (más de lo que ya lo hacían) y aumentando su cuota de publicidad. Eso es cierto y es difícil de rebatir. Basta hacer un repaso de las listas de ventas o de las estanterías en las librerías. Pero yo le decía que, frente a eso (algo común en época de crisis), está resurgiendo un interesante movimiento editorial, empujado por personas particulares que han decidido dejar su escaso dinero y su poco tiempo (sin inversores y compaginando su pasión con otros trabajos) para intentar enriquecer desde abajo, desde el detalle, desde el matiz, probablemente desde la insignificancia, el mundo editorial, que no es más ni menos que parte del entramado social y cultural de un entorno determinado.
Llevo tiempo pensando más como editor que como escritor (aunque sin dejar de escribir, o al menos intentándolo). Y no pensando en inventar proyectos, no, sino en poder sacar adelante proyectos que ya existen, que sólo están a la espera de que alguien confíe en ellos. O lo que es peor y más real, que alguien tenga dinero para invertir en ellos. ¿Lo malo? Nadie de las grandes se animará a bajar a las cloacas a buscar príncipes y princesas entre las ratas y los ratones. ¿Lo bueno? Joder, para haberme declarado optimista patológico me encuentro sin respuesta... Yo (nosotros) y muchos editores con más capacidad que nosotros decimos no a obras interesantes de autores interesantes por una única y sencilla razón: nos rascamos los bolsillos y no nos llega. Así de simple.
No me preguntéis por qué hablo hoy de esto. Bueno, podéis preguntarlo, sois libres, aunque no creo que os satisfaga con una respuesta sesuda y convincente.
Quizás porque estoy ahora escribiendo una novelita corta sin más pretensiones que pasármelo bien, sin planes futuros de enfrentarme a los noes.
Quizás porque ayer mantuve una interesante conversación con un amigo y sin embargo escritor sobre el proceso creativo y el proceso comercial.
Quizás porque me gustaría publicar el doble de lo que publico porque tengo el triple de manuscritos interesantes.
Yo, poco dado a la moraleja, regalo hoy una a todos y todas los que escribís: hacedlo sólo por el placer que supone. Lo demás llegará. O no.
Y una súplica. Si hay alguien navegando por la blogosfera con posibles, pues eso, que se anime al mecenazgo o la inversión, porque hay un buen número de editoriales independientes que gestionarían de mil amores y a las mil maravillas cualquier aportación.
Y para finalizar, un ruego para los lectores de libros, en especial para los que escriben. Reservad un porcentaje pequeño anual o mensual, aunque sea ínfimo, para comprar libros de autores y editoriales desconocidas. Os llevaréis más una sorpresa. Y encima, agradable... Apoyaros entre vosotros. No es garantía de éxito, sin duda, pero puede formar parte de una base más sólida sobre la que apoyarse.
