12 de mayo de 2011

No lo hará, estoy seguro

Hacía semanas que no iba a la jam session de relatos de los Diablos Azules. Entre viajes editoriales y asuntos personales no he tenido tiempo. Ayer volví a ir, entre otras cosas porque tenía muchas ganas de escuchar a Óscar Esquivias. Me pareció muy interesante. Él mismo fue el que dio la frase para el concurso de improvisación: "No lo hará, estoy seguro". Se confirma que para escribir hay que hacer pesas, y más cuándo hablamos de improvisar, porque ayer me costó horrores terminar el relato. De todos modos, allá va, el relato improvisado de ayer.

Mi primer reto del día siempre es el mismo, conseguir sentarme en el metro para dormitar las veintitres paradas y así suplir lo que el insomnio me resta. Antes mi primer reto era despertarme antes que ella para ducharme primero. Desde que me divorcié ese problema ha dejado de existir. Raramente me ducho.
Esta mañana he estado más ágil que de costumbre y me he sentado a la primera. A mi izquierda roncaba un tipo con aspecto ambiguo. No podría decir si iba o si regresaba. Frente a mí, una mujer leyendo un tomo bíblico. A su lado, un chaval menguado. Me explico, zapas dos tallas más grandes, vaqueros tres tallas más grandes y camisa desmesurada. En tamaño y colores.
El menguado, generoso, compartía su música con todo el vagón. De su móvil salían salsas y merengues con un volumen y un ritmo impropios de las siete de la mañana.
La mujer del tomo bíblico le mirada de soslayo con un ceño directamente fruncido. La letra merenguera parecía interrumpir su concentración lectora. El chaval menguado disimulaba ignorarla mientras orientaba su móvil entre sus orejas.
Estación tras estación la situación se volvía más tensa. La mujer bíblica le lanzaba cada vez miradas más explícitas y el menguado la ignoraba con más descaro, mostrando que la frase "dos no discuten si uno no quiere" no tiene fundamento científico alguno.
La situación llegó a insostenible. Hasta el ambigio de mi lado despertó. Subió el volumen de las miradas de ella y del móvil de él.
El fin parecía inminente.
No lo hará, estoy seguro -pensé.
Pero lo hizo.
El chaval menguado le dijo a la mujer bíblica:
-Por favor, señora, ¿podría cerrar el libro, que los versículos me impiden disfrutar de la música?

6 comentarios:

Jorge Arbenz dijo...

Me gustaría dejar un comentario progresista sobre lo bien que me cae el muchacho, pero esta costumbre de poner banda sonora a las mañanas de todo el mundo, me parece lamentable.
Tampoco me encontrarás leyendo la biblia, pero me molesta menos que otros lo hagan ( en silencio, claro)
Salud y ateísmo silencioso!!

Mariano Zurdo dijo...

Querido Arbenz, con este texto jugué con algo que me gusta mucho, que es contradecirme a mí mismo.
No soporto a los que van dando el coñazo con el móvil. Siempre digo que si yo midiera dos metros y tuviera más músculos me atrevería a decirles a todos que se pongan unos casquitos. Pero siendo como soy de pequeño, no me atrevo, no me atrevo...
Quería darle la vuelta a la tortilla ya dada la vuelta.

Jorge Arbenz dijo...

Sin menoscabo alguno de la cuestión principal. ¿ Cuántos libros faltan para mi bocata de calamares? La respuesta en el próximo episodio de " El misterio de las brasileñas desnudas en el metro de Madrid" ( Sí, ya sé que siempre saco el mismo tema a colación, sin que venga a cuento, pero es que no puedo evitarlo)

Jorge Arbenz dijo...

Y no olvido las minifaldas tejanas, qué lo sepas.

Amando Carabias María dijo...

Supongo que los cero comentarios se deben a la habilidad de blogger. Qué pena. En fin me arriesgo a ser original: me ha gustado mucho. Hay que tener bemoles y versículos, desde luego.

Zarathustra dijo...

No me queda mucho para dormirme ,pero este relato merece destacarse y aquí me tiene intentando dejarle algún comentario.
Vuelvo a leerle .
Me parece que la inspiración la tiene bien modelada y que las pesas debería dejarlas para cuando se coma una buena fabada.
No soy crítico de capa y espada , soy una lectora que dedica noches de insomnio a comprender porque Nietzche quería ser Walt Whitman y a enamorarme de los buenos escritos que nos va dejando.
Ya me he dormido y respiro entre el recuerdo y la confusión.
Escriba, escriba ...En cuanto varie todos los colores que atesora,habrá otra historia.