12 de enero de 2010

Hasta siempre Antonio

Hoy iba a escribir una entrada abzurda de las mías. Bueno, en realidad iba a escribir de algo importante para mí, pero esa timidez infantil que todavía tiene islotes en mi cabeza, hace que utilice la clave de humor para mis cosas, como restándole protagonismo a mi ego.
Hoy iba a escribir una entrada en la que iba a enumerar mis intenciones literarias para el 2010, pero se me han quitado las ganas.

Hace casi dos años escribí en este blog una entrada sobre mi vecino Antonio. Ayer me llamó mi madre para decirme que Antonio estaba ingresado porque se había caído y se había roto la cadera. Hace un cuarto de hora me ha vuelto a llamar para decirme que Antonio ha muerto esta tarde. Se me ha puesto un nudo en la garganta terrible. E inmediatamente he recordado aquella entrada que le escribí. La he buscado y la he leído. Y he llorado. No a lágrima viva. Bueno, no a lágrima viva por fuera, pero por dentro sí.
E insisto, mi relación con él jamás fue estrecha. Es más, durante décadas fue tirante y distante. Pero en los últimos años me ha dado una lección de lucha y de cariño tremenda. Esta claro que las emociones no entienden de líneas rectas ni se preocupan por los centímetros de cercanía o los kilómetros de distancia.
Cuando escribí aquella entrada yo no tenía la librería. Desde que la abrimos, cada vez que me veía, aparte de repetirme que le gustaba mucho como escribía, me preguntaba qué tal nos iban las ventas y me animaba a continuar. Y sí, su mujer seguía apostillando El pobre, se acuerda mucho de ti. A menudo me pregunta por la librería.
La última vez que les vi fue subiendo las escaleras, despacio, casi parado, luchando por ganar otro escalón. Y con esa imagen me quedo.
Y como en aquel entonces, también me quedo con la ternura frágil de sus ojos cuando me veía y me decía: Mariano, vas a ser un gran escritor...
Pues eso, que hasta siempre Antonio (y aúpa Atleti).

19 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Mi más respetuoso silencio que quiere ser compañía y ánimo. Vecinos así (aunque estén muy lejos) son los que merecen la pena.
Abrazos.

Anónimo dijo...

Y Antonio tenía razón.
¿Sabes que ya quedan pocos vecinos así?

Un beso

Elèna

Carlos Añejo dijo...

Me quedo sin palabras.

Jove Kovic dijo...

O me he vuelto un blandengue o tú escribes de puta pena, porque cada vez que vengo aquí acabo llorando.
En fin, ¡ aúpa Atleti!

Paula dijo...

No sé bien qué decir. Pero como he leído y he sonreído y me he emocionado, considero más justo dejar un comentario absurdo en vez de un silencio cobarde.

Saludos de otra la que también le parece que ya eres un gran escritor (lo que no quita para seguir trabajando en ello, claro ;}).

Paula

Alena. Collar dijo...

Mariano:
El 30 de diciembre murió Lola Bertrand. Una escritora más, dirán por ahí...
Una amiga mía desde el 2001. Hace años que no nos veíamos, siempre nos quisimos. Tuvimos en ocasiones tiranteces, superadas por el muchísimo afecto.
Yo también lloré.
Los afectos perviven. Es lo que nos queda, lo que podemos entregar.
Te envío un abrazo.

Anónimo dijo...

No hay cosa que me reviente más que que la gente se muera.
El mercado nos invade de productos que hacen creer en transformaciones casi milagrosas o mágicas , de perfectos robots que nos facilitan la vida , y a nadie se le ha ocurrido todavía inventar algo pa que la buena gente no se muera . Cagoentó!

Mita dijo...

Este último comentario de Anónimo lo subscribo.
Lo siento, Mariano.

Belén dijo...

Cómo lo siento... mas que nada porque no va a ver cómo Mariano se hace escritor de primera ;)

Si es que cómo somos, verdad?

Besicos

Raúl dijo...

Más que su pérdida (que me perdone, pero al no conocerle uno endurece sus sentimientos) es la sensibilidad con la que has tratado el tema, lo que me ha conmovido.
Un abrazo.

Wen dijo...

Ando un poco sensible con estos temas últimamente, así que opto por decir nada y esconderme un rato hasta que se me olvide, que es mi estrategia ante la muerte.

Mariano Zurdo dijo...

Muchas gracias a todos y a todas por vuestros comentarios.
Sinceramente no sabía si escribir esta entrada o simplemente escribirla en una hoja de papel, sí, de esas de antes, y quemarla. Lo único que necesitaba era escribirlo. Puede parecer una reacción exagerada a una muerte lejana, de un vecino al que apenas veía y con el que durante años ni me hablaba. Así es la vida...
Un abrazo zurdo para todos y todas.

lidia dijo...

"las emociones no entienden de líneas rectas ni se preocupan por los centímetros de cercanía o los kilómetros de distancia".

La sensibilidad, aunque vaya enmascarada de demasiadas prisas, o días que transcurren sin miradas...permanece.

Un abrazo muy fuerte para esas lágrimas vivas.

Señor Werty dijo...

Un bonito homenaje para tu amigo Antonio, a mi me pasa una cosa muy curiosa, cuando se muere alguien cercano o conocido no me pongo triste pero si me cabreo muchísimo, me parecen injustas las muertes repentinas.

Sau2

Alena.Collar dijo...

Yo no creo que sea una reacción exagerada. Puede ser para tí sorprendente, porque a veces ni uno mismo sabe de sus afectos escondidos, no se si me explico, y en cuanto a lo de no publicarlo, ya es hora de que distingamos lo que es "un desahogo" de un escrito digno. Tú has escrito un texto digno sobre alguien que te ha llegado al corazón, y eso es perfectamente publicable. Nada que ver con lastimeridades y alíporis que se ven por ahí.

Me parece que se me entiende de sobra...
Otro beso mientras sigue lloviendo, por si el beso nos sirve de paragüas...

Raquel dijo...

Cuando alguien se nos va es como si nos robaran un pedazo de nosotros. Y son pedazos que no se remiendan con facilidad.

Irreverens dijo...

Será que en el fondo te caía mucho mejor de lo que tú mismo creías.
:)

DEP.

AdR dijo...

En aquel post yo te escribí:

"Pues ahí tienes a tu personaje para la novela (presente o futura), no te digo más... ¿para qué?"

Y tú contestaste que a buen seguro se vestiría de algún personaje.

Ya ha pasado a serlo.

Un abrazo.

Eva dijo...

Descanse en paz "el pobre" Antonio, y que nos espere muchos años y desde esté nos anime a continuar con lo que hacemos, especialmente a tí.