29 de octubre de 2009

Estampaciones, o el placer de hacer libros

Sí, lo reconozco, estos días ando un tanto quejoso porque de tanto leer manuscritos apenas tengo tiempo para leer la pila de novelas que tengo pendiente y de tanto corregir y hacer libros apenas si tengo tiempo para escribir yo (creo que mi futura novela ha iniciado los trámites de separación por abandono del hogar).
Pero ahora confieso, aunque creo que la confesión es innecesaria porque se me nota a la legua, que disfruto mucho haciendo libros, con todo el proceso que ello conlleva, desde que me llega el manuscrito de la mano temblorosa del autor (o del mail vacilante o la carta trémula) hasta que vendo el primer ejemplar.
Hoy sale a la venta uno de los “culpables” de lo que hablo.
Estampaciones es ya el séptimo libro de nuestra editorial (alguno pensará que “todavía” es el séptimo, pero a mí me parece mentira haber podido editar en un año escaso siete libros de los que estoy sinceramente orgulloso).
No, tranquilos, no les voy a dar la chapa comercial ni les voy a someter a un tostón técnico sobre el proceso de edición; ni siquiera me sumergiré en el análisis literario de este libro en concreto. Éste no es el sitio. Me voy a limitar a decir muy alto que ha sido un auténtico placer editar este libro, construirlo desde el principio con la autora,
Alena Collar, verlo crecer y ver crecer la ilusión en Alena (y en mis interiores también, hombrepordios…).
Estoy firmemente convencido del éxito de este libro. Claro, quizás la palabra éxito no tenga el mismo significado para mí que para las grandes editoriales (éxito=grandes tiradas vendidas). Para mí el éxito es que la gente que lo lea lo disfrute, sea una persona, decenas o cientos. Estampaciones es un libro sencillo, sobrio, amable, evocador, con un humor muy sutil que se cuela entre las estampas, un libro que rezuma literatura… Estampaciones es un libro… ¡Qué leches, cómprenlo y sabrán cómo es Estampaciones! No se arrepentirán, palabra de zurdo (palabra del Zurdo).
PD. Alena, gracias por el libro… y por las rosas.

27 de octubre de 2009

Tengo los huevos como un camión de siete ejes

Entrada-apuesta-reto nacida por un exceso cervecero en la susodicha fiesta blogosférica. Frase propuesta por el simpar Simpulso y reto recogido por mi menda lerenda y, si mal no recuerdo, por los amigos Deprisa y Hastaloscojones. Si alguno de ellos recoge el guante, enlazarelos para que podáis disfrutarlos, hombrepordios...

-Repite conmigo, «Tengo los huevos como un camión de siete ejes» -le decía ella, templada y contundente, con una voz y una prosodia mezcla de José Sacristán y Nuria Espert.
-¿Pero cómo quieres que repita eso? Ni soy capaz ni serviría para nada –contestaba él con la mirada perdida en su propio pozo, el mismo en el que se ahogaba su hilo de voz.
-Quiero que te lo repitas una y otra vez, una y otra vez, cada vez más despacio, en cada ocasión con más peso. Hasta que salga cada sílaba con más fuerza por tus ojos y por tus poros que por tu propia boca. Y cuando llegues allí y le tengas delante, respira hondo, atraviésale con tu mirada y remátale con un simple y fulminante «Tengo los huevos como un camión de siete ejes» -insiste ella sin el menor atisbo de duda.
-No podré, sabes de sobra que no podré… -se lamenta él

Ella rondará los cincuenta. Está tan bien operada que parece que no tiene ni un mínimo empaste. Tacones de aguja firmemente clavados en el suelo, que sostienen dos anacondas de seda que explotan en unos exuberantes senos que compiten en un eterno empate técnico con unos labios perfectos y unos ojos insuperables. El lenguaje no verbal de su melena redunda en el mensaje firme, sin suavizarlo, pero haciéndolo más llevadero. Ropa, segunda piel necesaria para salir a la calle, pero absolutamente insuficiente.

Él ya no cumplirá los dieciocho pero se aferra a ellos como si el diecinueve fuera sinónimo de fin. Un traje demasiado planchado para un cuerpo tendente a tocar el acordeón. Un traje que siempre será dos tallas más, o un cuerpo que siempre será varios purés de lentejas menos. Una voz blanca colgando de una nuez protuberante. Espinillas pugnando en densidad por una barba recién rasurada que ya grisea su cara.

Ella le coge las manos a él, transmitiéndole la fuerza de la tierra que sube por la aguja de sus tacones; fuerza que llega a él en forma de réplicas de terremoto. Ajenos al resto del vagón del metro (el resto del vagón del metro sólo vive para atenderles) repiten a dúo como en un mantra siniestro, «Tengo los huevos como un camión de siete ejes, tengo los huevos como un camión de siete ejes, tengo los huevos como un camión de siete ejes, tengo los huevos como…».

Cada pasajero tiene al menos dos hipótesis, una por oreja. Se miran unos a otros, compartiendo o disintiendo, mientras ella sigue con su arenga y él sigue convencido de su impotencia y de la ineficacia.

-No podré, no me obligues a ello, por favor. Él me noqueará sin necesidad de tocarme, acabará con mi carrera sin ni siquiera llegar a estampar la firma. No puedo, no puedo, no puedo… -se hunde, se encoge, desaparece dentro de su traje demasiado grande y demasiado planchado.

El resto del vagón del metro contiene la respiración creando el vacío, corriendo cortinas de vaho en las ventanillas para que el desenlace quede en el interior del vagón, para que ni la negrura del túnel tenga constancia de él.

-«Tengo los huevos como un camión de siete ejes.» Si fuiste tan valiente de decírmelo al oído mientras me penetrabas en la cocina, con mi marido, tu jefe, aún convaleciente en la habitación de al lado, ten el coraje de enfrentarte a él y de decirle en medio de la reunión, «Tengo los huevos como un camión de siete ejes», sin que venga a cuento y sin reírte.

23 de octubre de 2009

Semana blogosférica

Quizás el título me haya quedado un tanto eufemístico, ya que mi hígado y mis riñones me recuerdan que más bien ha sido la semana cervecera, pero si algunos hablan de daños colaterales y patochadas similares, pues yo hablo de semana blogosférica…
¿Que no entendéis nada? ¡Toma, ni yo! (por la cerveza acumulada). A ver, que alguna neurona alimentada por agua aún me queda para explicarme. El caso es que esta semana he tenido una actividad blogosférica virtual nula (vamos, que ni he actualizado ni he visitado ningún blog), pero he tenido una actividad blogosférica carnal de lo más intensa (y que nadie fabule con el matrimonio carnal e intensa; o sí). Y claro, bien es sabido que los blogosféricos son gente de mal vivir y buen beber (por ello, la ingesta de cerveza que de otra manera no hubiera llevado a cabo…).
He disfrutado de la compañía de Jovekovic (al que no enlazo porque se está reubicando en la red). No me cansaré de recomendar su libro de poesía
Días como todos. Y no porque sea de mi editorial, sino porque es una joyita que no debería de pasar desapercibida. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y Jovekovic por Madrid, pues de paso he disfrutado de la compañía de mis compañeras editoriales y de Wen y de Estilografic (a los que no enlazo por pereza, hombrepordios…).
Ahí no acaba la cosa, que cuando digo que ha sido blogosférica la semana no exagero ni una miaja… Ayer estuve con
Alena Collar enseñándole la última prueba de imprenta de su libro Estampaciones. Mi primer objetivo como editor es que el autor sienta que hemos tratado con mimo y respeto su obra, y a juzgar por las cabriolas ejecutadas por Alena creo que ese objetivo lo hemos cumplido. Ahora sólo queda que el libro pase de mano en mano, de boca en boca, porque creemos que lo merece.
Y como fin de fiesta, y nunca mejor dicho, ayer estuve en la
fiesta de entrega de los premios 20blogs del periódico 20minutos. ¡Ale, más cervezas…! Me apetecía conocer a alguno de esos seres que han luchado por un puñado de votos durante meses, gente estupenda con unos blogs magníficos, con los que he aprendido y con los que me he reído de lo lindo y que ya forman parte de mi selecto y reducido grupo de blogs que intento seguir con regularidad (menos estas semanas). No nombraré a todos y todas por lo de siempre, por no dejarme a alguien en el olvido (o sí, leches, saludos a las Cucarachas, a Juan, a Reina, al profesor de francés, a Simpulso, a Chari, a… ¿lo veis?, ya no me acuerdo de más…), pero permitidme que destaque a tres blogs porque hasta el último día del concurso me estuvieron animando a que no cejara en el empeño, y gracias a ellos quedé quinto en la categoría de personal, que era mi objetivo. Así que un saludo especial:
-a los chicos (y chica) de
Deprisa-Deprisa (blog ganador de la categoría de cultura),
-al amigo H.L.J de
Lo que me toca los cojones (blog ganador de la categoría de actualidad y ganador absoluto del premio otorgado por los blogueros)
-y al amigo Abacab, de
Discos, música y reflexiones (sexto en la categoría de música y sufridor atlético donde los haya).
Este último, el altísimo Abacab, se sacó de la manga hace unos meses unos premios paralelos y oficiosos con el único objetivo de echarnos unas risas en el foroblog. ¡Y gane el premio al mejor avatar! (gracias Poyatos por caricaturizarme tan guapamente). Así que ayer tuvimos nuestro minutito de gloria durante la gala, subiendo a recoger el “Cutre-diploma” que acredita tan importantísimo galardón, y que vendrá a cubrir un desconchón del rincón donde me encierro a novelar (sé que hay fotos de la entrega, pero todavía no las he localizado). Señor Abacab, me pongo a sus pies porque más alto no llego.

Ale, pues disfrutada y relatada la semana cervecera, perdón, perdón, blogosférica, me dispongo a abandonaros nuevamente, porque varios manuscritos me reclaman con urgencia, grrrr.

19 de octubre de 2009

Haciendo libros

Últimamente he bajado el nivel de actualizaciones de mi blog y apenas puedo leeros, aunque de vez en cuando me doy una vuelta clandestina para ver que se cuece...

Y así seguiré durante una temporadita, queridos amigos y amigas, ausente pero menos.
Siempre he disfrutado escribiendo mis propios libros, pero nunca pude imaginar que disfrutaría tanto editando los libros de otros. Pues eso, que estos días me encuentro haciendo libros...

13 de octubre de 2009

VACACIONES

Pues andaba yo dando vueltas por la casa a ver si encontraba algo que hacer y la verdad es que realmente no encuentro las ganas de hacer nada.

Sólo me apetece leer porque el libro que estoy leyendo está en lo más interesante pero tengo todo el rato la sensación de que estoy vagueando. Os contaría la historia que me parece muy bonita pero no se resumir…

Me parece que no se disfrutar mucho de las vacaciones, cosa que pienso corregir mañana mismo.

El zurdo está un poco malito, nada grave, pero como supongo que no tendrá ganas de escribir hoy, me voy a colar yo entre sus letras, que para algo soy su musa.

La verdad es que no tengo mucho que contar salvo que nos vamos de vacaciones a Granada. Ya sabéis que el Zurdo deja cervezas en la nevera como siempre. Ya haré una crónica sobre el viaje cuando volvamos.



La Musa Zurda

6 de octubre de 2009

Retratos zurdos: dos mujeres y un destino

Dos mujeres: dos pasajeras del metro, sentadas juntas y enfrente de mí, que a la vez, pero por separado, se ofrecieron para ser retratadas por mis teclas.
Un destino: estación de Tribunal. Los tres nos bajamos en la misma parada.

Sé lo que estáis pensando, demasiadas mujeres para un pobre escritorcillo, demasiado retrato para tan poco pincel, pero qué queréis que os diga, perdido casi un oído, he decidido aprovechar los dos ojos al máximo. Si casi siempre confundo lo que vi con lo que imaginé, en esta ocasión ya ni os cuento, porque ya no sé si quiera si he mezclado pinceladas de ambos retratos…

Mujer 1. Edad indefinida. No, no es que su DNI carezca de ese dato o que ella vaya quitándose o poniéndose años (o sí, a saber) sino que es ese tipo de persona a la que me cuesta ponerle edad. La piel, los gestos, la ropa, el peinado, la mirada se empeñan en contradecirse unos a otros y el ojo de buen cubero sufre un estrabismo irreparable. Para centrarnos, pongamos 45 años, ni para ti ni para mí. Ropa neutra (o falta de observación por mi parte). Ningún rasgo físico característico que llamara mi atención, menos la mirada nerviosa que buscaba por todo el vagón y, sobre todo, por todo su bolso. Un enorme bolso del que fue sacando y metiendo toda clase de utensilios más o menos cotidianos. Se sienta a la vez que yo y, a la vez, saca un libro. El mío es El pentateuco de Isaac. Yo empiezo a leer pero ella no. Amaga con abrir el libro pero empieza a trastear en el bolso. Saca la funda de las gafas. Saca las gafas de la funda. Mete la funda de las gafas. Saca la funda de las gafas. Saca la gamuza para limpiar las gafas. Limpia las gafas. Mete la gamuza de las gafas. Mete la funda de las gafas. Se pone las gafas limpias. Parece que ya va a leer. Pero no. Saca una libreta. Y otra. Y un bolígrafo. Y papeles. Los ordena. Los desordena. Los mete en el bolso. Saca otros. O los mismos. Comprueba el móvil varias veces. Y el ipod. Y entre medias de todas las operaciones siempre amaga con empezar a leer. Tras un buen puñado de paradas empieza a leer. Empieza a leer en Bilbao, justo una estación antes de bajarse.

Mujer 2. Cincuenta y dos años, cuatro meses y tres días. Más o menos. Cuerpo de gimnasio o cirugía estética, no lo sé. Ropa apropiada para que se note el cuerpo de gimnasio y no se note el bisturí. Piernas kilométricas y esculpidas que se pierden prometiendo que lo mejor está bajo los escasos centímetros de la minifalda. No lee ni periódicos gratuitos, ni libros, ni hace sudokus. No oye música. Sólo mira al frente.
Y justo enfrente, junto a mí, se sienta un chico joven espectacularmente atractivo. Más de medio vagón se ha fijado en él (el resto dormitaba) durante unos segundos y ha vuelto a lo suyo. Excepto la mujer de cincuenta y dos años, cuatro meses y tres días. Ella ha encontrado sentido a eso de mirar sólo al frente.
Él está ajeno a todo, a no ser que tenga una visión periférica del carajo. Juega con un móvil con pantalla de televisión panorámica.
Ella está como… Ella se está poniendo… Ella se siente… Ella… Vamos, sin literatura, que está cachonda perdida. Y no lo disimula. Sus ojos no miran con lujuria, son lujuria. Su postura no se ha tensado como se podría pensar, sino que está relajada, muy relajada, como si más que desear en sí, disfrutara con la pura imaginación. Su ropa ha menguado de talla. Sus poros han aumentado la ratio por milímetro cuadrado de piel. Su maquillaje natural ha colapsado al cosmético. Sus medias de seda negra (las recuerdo de seda negra y lo mismo ni llevaba) se rozan leve y constantemente. Sus labios también son muslos. Y sus párpados. Y me voy a permitir el lujo de no hablar de sus pechos.

Estación de Tribunal. La mujer 1 guarda el libro después de leer media página. La mujer 2 se recoloca con el mismo escaso pudor con el que se ha descolocado. Y yo… Yo he leído lo mismo que la mujer 1 y me recoloco como puedo, con más disimulo y más vergüenza que la mujer 2.

4 de octubre de 2009

Hasta siempre Mercedes...

Con un nudo en mi garganta,
con la piel de tu garganta...


2 de octubre de 2009

Autobombo: Nilibreniocupado en Buenafuente

No, tranquilos, que este blog no se va a convertir en el blog promocional de mi editorial ni de la librería, pero comprended que para un pequeño editor como yo (y ponerlo en plural, por favor, que no estoy solo en esta aventura) es un auténtico lujo que un libro de nuestro aparezca en un programa como el de Buenafuente.
Aprovecho para felicitar a Daniel por su trabajo y por confiar en nosotros para mostrarlo. Y esto no se ha acabado aquí... Entre otras cosas, esta tarde, la tarde del Viernes 2 de octubre, estará también con 'El Langui' en su programa "Radio Taraská" (en Radio3 de RNE, de 17 a 18 horas).
Y sin más, os dejo con Daniel y Andreu Buenafuente: