13 de julio de 2009

Derrama

Hacía mucho que no rescataba ningún relato de mi antiguo blog La tinta azul de la memoria. El calor sofocante se alía conmigo para tirar de archivo (las escasas neuronas creativas que no han muerto las tengo reservadas para la novela corta que estoy escribiendo y que probablemente nadie leerá porque no saldrá de mi portátil, ya que nace como juego y como necesidad, sin más). Este relato lo escribí hace casi dos años justos, y aunque me han entrado tentaciones de retocarlo (que tire la primera piedra el primer escritor que sea capaz de leerse sin intentar corregirse) lo he copiado tal cual. Lo siento por el que ya lo haya leído y encima tenga memoria de elefante.

Recuerdo cada detalle del momento en el que nos conocimos. Fue en la primera reunión de vecinos de la comunidad. Éramos todos nuevos, así que todo eran presentaciones, tanteos, que no tientos, y miradas de observación. Casi todos, gente joven (es que yo a los de mi edad los considero gente joven). Cada uno iba interpretando histriónicamente su papel como tarjeta de visita. Iban despuntando los líderes, los graciosillos, los polémicos, los pusilánimes. Por supuesto, los ausentes. Incluso creí detectar a algún moroso entre la concurrencia. Eso, hasta que apareciste. En ese momento todo se difuminó, hasta las voces, y se abrió un túnel directo entre tus ojos y los míos. Nunca te había visto. No habíamos coincidido ni en el portal, ni el ascensor, ni en ninguna tienda del barrio. Lo recordaría. Desde que entraste en la sala podría haber votado a favor, bajo la hipnosis, hasta una derrama para tapizar los espacios comunes con cabezas de caza mayor. Algo me decía que lo que estaba pasando, fuera lo fuera, era mutuo, porque ambos intentábamos esquivar nuestras miradas con la misma frecuencia, en ese juego en el que las pupilas salen corriendo para los lados nada más rozarse. La frecuencia fue variando, ralentizándose, hasta que al final de la reunión nos mirábamos fijamente, tanto que todo el mundo empezó a levantarse y tú y yo seguíamos sentados; y mirándonos fijamente. En un momento dado, los dos hicimos un aspaviento como si fuéramos dos futbolistas regateándonos y te perdí de vista. Salí de la sala despidiéndome con adioses rápidos y protocolarios creyendo que todavía te alcanzaría, pero no fue así. Te imaginé escondida tras algún esquinazo para mantener la magia del primer encuentro sin palabras. Y esa sensación la tuve durante días, hasta que un domingo nuestras manos se rozaron intentando coger el mismo periódico en el kiosco. En el primer encuentro fueron los ojos y en el segundo, la piel. Y una caricia aunque sea involuntaria es tan potente como para ser el comienzo de algo. Nos atropellamos el uno al otro con un buenos días que continuó hasta un buenas noches. En medio, descubrí el color de tus ojos, porque en aquella reunión sólo me pude quedar con tu mirada. Confirmé que tú tampoco te habías enterado de nada de la reunión, porque bromeé preguntándote qué te parecía la derrama para tapizar los espacios comunes con cabezas de caza mayor y tu cara de sorpresa fue mayúscula. “Vaya, veo que tú tampoco atendiste demasiado a nuestros nuevos vecinos...”. Ese fue nuestro primer guiño de complicidad. El resto del día se nos pasó volando, contándonos los caminos que nos habían llevado a compartir kiosco. Recuerdo el primer contacto con el olor de tu champú habitual. Recuerdo que tiré la toalla a la lona a las primeras de cambio porque anticipé que tu sonrisa me ganaría siempre por k.o. técnico. Recuerdo tu voz grave, pero dulce y envolvente. Recuerdo tu descaro haciéndome una radiografía mientras que mi descaro hacía lo propio con tu cuerpo. Recuerdo, recuerdo, recuerdos, recuerdos...
Algo parecido a esto, me gustaría recordar cuando te conozca.

21 comentarios:

Elèna Casero dijo...

Muy bueno, Mariano
Sigue rescatando cosas así de tu antiguo blog.

Un besazo.

Elèna Casero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Amando Carabias María dijo...

Opino lo mismo que Elena. Quizá tus modernos lectores no tengamos conocimiento de estas cosas tan buenas. Y a lo mejor los veteranos te perdonan esta osadía.
Me gustó mucho

AdR dijo...

Está bien recuperar textos así, "Derrama" (de derramar ¿no? :D) y sin retocar, más (que es difícil, que todos nos sentimos tentados).

Abrazos.
P.D.: ¿Y qué es eso de que la novela corta se va a quedar en tu portátil? ¿Estás jugando a ser Salinger?...

Jovekovic dijo...

Te noto meláncolico o vago, en cualquier caso no reconoceré, de manera pública, que me gusta el relato.
Saludos malditos.Petonets/assos.

David dijo...

Una novela en el portatil??? ya has pagado el canon a la $GAE... ya verás como ahora se inventan un impuestotasarobo para grabar los portatiles porque se pueden guardar en ellos novelas... ya veras ya

Belén dijo...

Lo leí, con memoria de elefante incluida :)

Pero no me importa leerlo otra vez :)

Besicos, maestro!

Irreverens dijo...

Pues yo no lo conocía (o no lo recordaba, que también podría ser).
;)

Y qué maravillosa sensación es ésta que describes. Cuando el mundo desaparece por completo y sólo percibimos al objeto de nuestro deseo...
:D
mmm....

Besazos serbocroatas.
XD

Libélula dijo...

Llevas toda la razón. Incapaz de releer algo sin caer en la tentación de retocarlo.

Con respecto al relato, no lo había leído, pero me ha dejado un grato sabor "suave pero firme".

Me ha gustado mucho.

Un besito desde los charcos.

Wen dijo...

Yo tampoco lo había leído o no lo recordaba...
Esto del reciclaje tiene su aquel, sip

PDD20 dijo...

Mucha suerte y felicidades por tus primeros votos en 20blogs

Salu2

S.C. dijo...

Me ha gustado mucho.
Voy a proponer una derrama en mi bloque para tapizar los espacios comunes con cabezas de caza mayor.

Estilografic.blog dijo...

Huy, yo sí que lo recordaba. Por cierto, ¿qué fue de la habitación Riaza, que creo recordar que nos dejaste en ascuas?

Wen dijo...

Estili, tentada he estado mil veces de preguntar por la habitación Riaza..... :D Me agrego discretamente a tu pregunta :D

Belén dijo...

Me sumo a la pregunta....

La habitación Riaza?

(creo que Mariano está estresado, quizá no sea el momento de preguntar pero bueno, somos pesados, sin mas XD)

Besicos

Arwen dijo...

Bonito relato y muy interesante tu blog, además el diseño en forma de bloc le da un toque muy personal.

Suerte en el concurso.
Arwen

Alma dijo...

Cuesta escribir, cuando tienes que escribir, igual es un poco eso.

Me gusta la descripción de la reunión de la comunidad, son así, todos muy metidos en su papel de "comunitarios". Recuerdas, recuerdas, y el final me parece un buen final.

Te deseo suerte en el concurso. No es mala idea tirar de un texto, sobre todo cuando es así.

Un saludo

Alberto G. dijo...

Magnífico relato, me ha encantado el sabor final que deja en el paladar...¡sabe a ilusión y melancolía! Gracias por animarme el dia ;) Un abrazo!

NÚRIA dijo...

No me hables de derramas que se tienen que hacer nuevos los 4 ascensores de nuestra finca que ya va para 30 años...Espero y deso que llegue el momento que conozcas a la chica en cuestión, y de paso, baje a pedirte sal o más erótico todavía segunda parte atrapados en el ascensor...será el calor o en verano nos volvemos más vagos yo todavía no he podido empezar el de Martín Gaite, el de los cuentos maravillosos...Saludets...

Raúl dijo...

A mí me encantó, este retrato del deseo.

Trasto dijo...

¡Vivan los rescates!

¡Y los espacios comunes!

¡Y hasta las cabezas de caza mayor colgadas en las paredes!

Besos