25 de noviembre de 2007

Los comienzos pseudoliterarios del Zurdito

Un sms para pedirme una información hizo que tuviera que buscar un papel en una habitación que es algo así como una leonera, un verdadero bosque de trastos en vez de árboles, sin ramas pero lleno de aristas. Encontré el papel y la dirección que buscaba, pero eso fue lo de menos. Lo de más es que me topé con una caja. Una caja que no recordaba si había tirado, reciclado o guardado. La cogí, la llevé a mi despacho, donde escribo, y la deposité en la mesa. Estuve un rato sentado delante de ella, sin abrirla. Sabía perfectamente lo que había dentro. Allí se encerraban mis primeros viajes, mis primeros sueños, mis primeras historias, mis primeras ventanas abiertas al campo, mi primera espita para una imaginación desbordada y asilvestrada, torpe y sin más herramientas que varios dedos y una pianola con teclas.
Recordé a mi madre dándome clases de mecanografía, algo que ya conté en la presentación de La tinta azul de la memoria, y recordé cómo en esa presentación se me saltaron las lágrimas y se me atascó la voz en un nudo al recordar aquellas clases y al ver a mi madre emocionada en la primera fila del salón de actos. Todo esto en segundos, en décimas. Los recuerdos son así, capaces de reducir a segundos varias semanas o meses, dejando en ridículo a cualquier zip por potente que este sea.

Entonces me animé a abrir la caja. Y ahí estaba durmiendo la vieja máquina de escribir que heredé de mi madre. Me sorprendí manejando con soltura todos los mecanismos de la máquina, porque, para el que nunca haya escrito con una de ellas, tienen muchas palanquitas para bloquear y desbloquear el carro, para liberar el papel, para un montón de funciones, como si de un saxofón repleto de llaves se tratara. Y posé las yemas en las teclas para recuperar ese tacto que jamás he vuelto a encontrar en ningún teclado de ordenador.
Pero lo que sí que no me esperaba encontrar, fue lo que terminó de redondear este momento de reencuentro. En una pequeña bolsa que tiene la tapa de la caja, estaban guardadas unas cuartillas mecanografiadas. Ni más ni menos que mis primeras hojas escritas, el comienzo del Zurdito escritor. Doce cuartillas que contienen cuatro capítulos llenos de faltas de ortografía y tachones, como notas falsas de una partitura mal interpretada por un aprendiz de pianista. Y me ha costado reconocerme en la ausencia de haches y en el poco tino con las tildes, porque desde pequeñajo se me dio bien la ortografía.
En esos capítulos, empecé a escribir las aventuras de cuatro amigos, claramente influido por mi lectura de Los Cinco. Es el único dato autobiográfico claro que aparece en mi primera novela. Creo recordar que escribí algo más a mano de lo que he encontrado mecanografiado, pero no tengo la seguridad. Me divierte leer esas inocentes aventuras españolizadas de Los Cinco, escritas aprovechando mis muchas excursiones con los scouts. Primero vivir y luego escribir, dicen algunos. Yo escribí esas líneas desde lo escaso vivido. No sé muy bien cuántos años tenía cuando escribí esto, pero por las andanzas que describo, tendría doce o trece, después de un campamento de verano en Los Cabos (Asturias). Seré compasivo y no os martirizaré copiando o escaneando las doce cuartillas. Simplemente os dejo mi primer capítulo como escritor.
Y perdonen y comprendan las incorrecciones lingüísticas, que tengo como mucho trece años.

34 comentarios:

maite dijo...

venga! hurgando en la nostalgia, si es que...vaya recuerdo me has provocado: el papel carbón, brutal!!!

Viguetana dijo...

A mí la máquina de escribir me recuerda las ingentes cantidades de tipp-ex que tenía que utilizar... jejeje.

Veo que tenemos la nostalgia desbocada, ¿eh, zurdo?

Belén dijo...

Cuando yo era pequeña, escribía cuentos que luego encuadernaba (usease, grapaba) y los daba a mis amigos... lástima que no guardé ninguna copia, pero tu relato me ha hecho recordarlo...

Y tu historia de los cuatro amigos, me ha hecho emocionarme! tenía buena pinta! (La Blyton ha hecho mucho por nosotros verdad? jajajajaj!!!)

Besitos zurdos :)

Mariano Zurdo dijo...

maite, lo del papel de calco era tremendo, te manchabas enterito tú y las hojas que mecanografiabas.
Viguetana, es que uno es un melancólico patológico y sin remedio, añado.
Belén, yo empecé a amar la lectura con los cinco, los tres investigadores... Así que en mí hicieron maravillas. XDDD

La interrogación dijo...

Qué nostalgica me has dejado. El mimo y la ilusión que ponía yo en las redacciones escolares era lo más encantador del mundo.
Yo tuve un arrebato destructivo en alguna época de mi vida y rompí muchos relatos. Por eso ahora tengo el blog...
Besotes

Mariano Zurdo dijo...

Inte, desde luego es una magnífica razón para tener un blog. Espero que no te dé otro arrebato destructivo y vacíes el mar de preguntas...

vitruvia dijo...

Me da en la nariz que tú eres Andrés, jajajajajajajaja.

Nunca he tenido máquina de escribir, y es de esos deseos que pienso realizar antes de morirme. Nada más terminar el cole, mis amigas empezaron un curso de macanografía que yo no pude por irme a Madrid. Es una de las espinas que tengo clavadas.

olvidado dijo...

Quién de nosotros no tendrá algunas páginas de esas escondidas en rincones olvidados...

mexileña dijo...

¿¿¿Así que ya apuntabas maneras desde enano, zurdo????
No, si no podía ser de otra manera...

Mariano Zurdo dijo...

Vitruvia, ¿Andrés? ¡Explícate! No me fastidies que te has comido una de esa croquetas pitrucianas caídas del cielo y salidas del suelo...
Olvidado, y no hay retroceder mucho en el tiempo. A veces esas líneas fueron escritas ayer mismo.
Mexileña, yo es que de enano era más o menos como ahora, más bajito, no mucho, y con más cara de chino, XDDDD.

Rodros dijo...

Veo que por aquel entonces repartías las iniciales de los nombres de los portagonistas de tus relatos más equitativamente!!

LP dijo...

Yo tambien guardo mi primera máquina de escribir, es cierto que pasan años sin abrir su envoltorio porque cuando la abro encuentro tambien a la niña que tecleaba con fuerza y con muchas cosas que querer contar. Lindos recuerdos Mariano! es bonito verse con trece años.

Mariano Zurdo dijo...

Rodros, lo voy superando, pero me sigue costando horrores ponerle nombres a los personajes. Y debo de tener una cuenta pendiente con la jota, porque gana por mayoría aplastante...
lp, es un ejercicio del que se sacan muchas cosas, ese de recordar. Me alegro de que te sientas reflejada en esta entrada.

hombredebarro dijo...

Yo no añoro en absoluto la máquina de escribir, que me hacía sufrir lo indecible. Yo he aprendido a escribir con el ordenador. Esas carpetas llenas de temblores y faltas de ortografía siguen ahí, escondidas en rincones, muchas veces he estado tentado de tirarlas, pero al final se han ido librando...

Mariano Zurdo dijo...

hombredebarro, yo de hecho tampoco escribir a máquina como aún hace Javier Marías, aunque le reconozco a la herramienta un alto poder evocador.
Yo es que escribo a mano y luego me copio en el ordenador, aunque últimamente voy acostumbrándome a la relación directa con la pantalla. ¿Me estaré haciendo mayor?

Alfman dijo...

Qué bueno, me sumo a la lista de morriña- al yo también escribí con máquina- un, usé mucho tipex- el, me encantaba hacer girar el torno de paso de página- y claro, las cintas de dos colores, alternando rojo y negro-la ya perdida, ondulacón de las teclas- y un, qué se yo pero cómo me gustaba....

por cierto que lo que más recuerdos me ha traido es pensar en aquellas joyas escritas por Enyd Blyton (se escribía asi?) y sobre todo recuerdo un pique porque en aquel tiempo había dos tipos de personas: los que leían a Los cinco, y los que leímaos Los Siete, (y con "los" me refiero a un amigo y a mí) dura rivalidad, vamos que ni en un derbi, je... gracias por agitarme la memoria...

Mariano Zurdo dijo...

Alfman, agitar mentes es mi especialidad, aunque hace mucho que no ejerzo de agitador de tales.
Es cierto, yo fui más de los cinco, aunque leí alguna de los siete, y finalmente devoré los tres investigadores.
Esa curvatura de las teclas daría para un relato o mil...

Desesperada dijo...

zurdito zurdito... yo empecé con la máquina, aunque reconozco que fui muy precoz al ordenata y con 18-19 ya usaba un arcaico word de pantalla azul, ¿recuerdas? je je je

Mariano Zurdo dijo...

Desesperada, ¿que si lo recuerdo? El wordperfect 4.0. ¡Infumable!
Mis primeros trabajos de la carrera los presenté a máquina y los últimos me peleé con ese infernal progamilla...

Estilografic.blog dijo...

Ya sabes qe yo fui más de Los Siete que de Los Cinco.

Por aquel entonces, yo lo hacía a mano y a máquina, pero siempre con Norit.

Por cierto, que esta mañana, cuando he pasado por el locutorio de Plaza de Castilla, que paso todos los días, no he podido resistir la tentación de mirar el reloj. Marcaba las 09:05. ¡Mecagoenlaleche!, otra vez tarde a la oficina.

Creo que esto último ya te lo había dicho.

Desesperada dijo...

yo también lo usé a diestro y siniestro en la carrera, ja ja ja ja, qué horrenda pantallita!

Mariano Zurdo dijo...

Estilografic, qué borreguito.

Y pon el reloj en hora, a las 9:00 y así no llegas tarde, que hay que decírtelo todo, hombrepordios.

Creo que esto último ya te lo había respondido.

Mariano Zurdo dijo...

Desesperada, es que el azulón era espantoso y la funcionalidad patética.
Para mí que la ergonomía se inventó para solucionar los problemas que generó el progamilla...

Clandestino dijo...

Yo pasé directamente a los tres investigadores. Me flipaban.
Y me ha encantado tu escrito, qué coño, no te gano ni jugando con ventaja. Zurdo cabrón.

Raquel dijo...

Esta entrada me parece maravillosa, mariano. El primer capítulo, también. Toda una vida y como tú dices, esa capacidad que tiene la memoria para resumir y desplazar.
Besos

Mariano Zurdo dijo...

Clandestino, es que los tres investigadores eran la caña. Todavía los tengo en la estantería como un tesoro. Y menos "no te gano" y más ¡escribe coño!
Raquel, la memoria es apasionante porque a veces es caprichosa, a veces se deja forzar, a veces es fiel, otras difusa y muchas veces mentideira...

Iván dijo...

Buf. Cuantos recuerdos. Como me he acordado de mis andanzas imaginarias junto a los personajes de Enid Blyton.
También tuve máquina de scribir pero no cambio su tacto por el de las teclas del portátil. No hay nada como pulsar enblando y con un ancho mayor.
Mis inicios de escritor fueron diferentes. Desde los siete años leía pero hasta los catorce, y tras un ejercicio de mi profesor de literatura, no descubrí que tení ciertas aptitudes para unir palabras. Todo a raíz de un soneto. Así que mis primeras composiciones fueron ese tipo de poemas.
Un saludo!

Alfman dijo...

por cierto os habeis parado a pensar en lo rarito que era el nombre de esta señora... Enid, os imaginais llegar al curro y decir... ¡Hola Enid buenos días! ¿Qué tal Enid? ¿Qué haces Enid? ¿Me pasas ese boli Enid? ¡Gracias Enid! ¿Te vienes a tomar un cafelito Enid?.... ufff se me está cayendo la tarde encima y cada vez patino más...

banderas dijo...

Pues a mi me vais a incluir en el grupo de los que le daban a casi todo. Y es que me tragué todos los de Los Cinco y todos los de Los Siete Secretos (¡Uy! ¡¡Los S.S.!!¿Tendrá algún mensaje subliminal la pobre Enid Blyton) Eso sí, nunca fui capaz de tragar una de internados del tipo Torres de Malory.

Por otra parte con 12 añitos me encargaba de la biblioteca del colegio en el que estaba y me metí entre pecho y espalda unas buenas dosis de clásicos españoles de la Colección Austral y de una colección de clásicos editada por RTVE (supongo que en torno a los años 70) así como otra colección de clásicos castellanos (ya ni recuerdo la editorial)... en fin, que con 14 ya era una "rata de biblioteca".

La única máquina de escribir que toqué en mi vida escolar fue la portátil de mi padre, que fallaba más que una escopeta de feria. En ella tambien hice mis pinitos literarios... algo de novela que se quedó en proyecto inconcluso con ilustraciones del autor... y un libro de poesía que luego llegué a autoeditar para regalo a mis amigos y del que no guardé más ejemplar que los originales a mano (en hojas sueltas de cuaderno de anillas) escritas con estilográfica usando tinta azul... ya sé que parece recochineo pero es así. Uno de esos poemas es el único propio que he puesto en el blog (allá por junio debió ser).

¡Cuáaaaaantos recuerdos!

Bicos ;-)

Mariano Zurdo dijo...

Iván, yo recuerdo con cariño cada relato que he escrito, aunque a veces me sorprendo encontrando alguno que no recordaba.
Alfman, Enidmático, desde luego.
Banderas, resumiendo, reuniste bien pronto un magnífico tesoro de los que no se pueden robar.

illeR dijo...

Mariano tengo la misma maquina de escribir que tu pero en blanca. En mi casa siempre ha estado la olivetti de mi madre(la del dibujo y las fotos) y esa otra, de mi padre, que es la que yo use para todos mis trabajos de colegio e instituto....fui tardia para lo del ordenador y hasta que no llegue a la universidad estuve usando la vieja maquina de mi padre.

Por cierto que yo fui fiel fan de los cinco, recuerdo en verano sacaba puntualmente dos libros de la biblioteca por la mañana y los llevaba por la tarde. Asi dia tras dia. Una semana más tarde la bibliotecaria llena de curiosidad me pregunto que por qué sacaba los libros si nos leia. A lo que replique que naturalmente que me los leia, cosa que ella alego como imposible dado que no los entregaba el mismo dia y no creia que yo leyese tan rapido. Y debo de tener poca credibilidad porque me hizo resumirle los libros que me habia estado llevando para demostrarla que me los leia....

Y mas cosas que me ha traido a la mente tu capitulo uno...¿¡¡¡A Laredo!?!?!?!! Os ibais a ir a Laredo!!! ¿Y en que año era esto? Jajaja, no conoceran nuestros 4 amigos un poco mas avanzado el libro a una sevillana,llamada Carmen, que pasaba alli todos los veranos puesto que su madre es de alli, no?? :P

Post -> Algun dia pondre yo mis dibujines con 11 años, jejeje

illeR dijo...

** 2 parrafo, octava frase, sobra el "no"

Mariano Zurdo dijo...

Iller, ¡compañera de máquina de escribir! Qué lástima que no se me pegue algo de tu arte dibujando, qué lástima...

maite dijo...

banderaas...coleccion RTVE Clasicos, herencia de mi abuela, en casa la tengo, vale ya con la nostalgia, que estoy en un sinviví!!!