24 de abril de 2012

La implacable ley de la gravedad


A los 23 años fui campeón mundial de salto de longitud.
Con 27 años conseguí el campeonato olímpico de salto de altura.
Me retiré a los 31 de la competición tras obtener el campeonato del mundo de salto con pértiga y ostentando los récords absolutos de longitud, altura y pértiga al aire libre y en pista cubierta.
Todo el mundo loaba mis éxitos. Yo le restaba importancia argumentando que mi único mérito radicaba en mi búsqueda enfermiza e infructuosa de hallar la manera de postergar al máximo la caída. Lejos de rebajar la euforia, mis explicaciones se reflejaban en titulares del tipo "El atleta filósofo desafía la ley de la gravedad con tanta humildad como talento".
Hoy, recién cumplidos los cuarenta y a punto de tirarme desde el ático, sólo espero que mañana la prensa de buena cuenta por fin de mi fracaso.

5 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Glubs...

Irreverens dijo...

Lo mejor es tirarse rollo bomba, como en la piscina, para caer más rápido.
XD

Por cierto, Zurdix, creo que tu amistad con la señora Casero te está afectando demasiado.

(Suicidios, muertos, ya sabes...)
:P

Mita dijo...

Deberías irte a escribir a un cementerio gótico :)
¿No es una bonita idea?
Cuarenta!! qué mayor eres,¿no?
Kuss

Carlos Añejo dijo...

40 años no son nada, sobre todo si caes a plomo.

Paula dijo...

¡Genial! Me ha encantado. Lo único... ¿no es más bien un éxito? Al fin y al cabo, el hecho de tirarse desde el ático postergará la caída al máximo, más que cualquier salto de altura o de pértiga, ¿no?

Pequeño apunte pedante: falta tilde en la última línea, "dé" :)

Un saludo,

Paula