30 de septiembre de 2011

Lastrado


Prefería que le tildaran de vigoréxico a que le tacharan de loco, así que dejó correr el rumor de que llevaba las muñequeras y las tobilleras lastradas para transformar las calorías directamente en músculo. Jamás reconocería que tenía serios problemas para mantener los pies en el suelo.

14 de septiembre de 2011

Sigo vivo

Queridos amiguitos y amiguitas, escribo hoy para confirmar que sigo vivo.
Estoy más liado que la pierna de un romano y apenas tengo tiempo para actualizar el blog. Y, por ende, menos tiempo tengo aún para leeros, cosa que me fastidia sobremanera.
Ando a tope con la editorial y encima estoy acabando un libro de relatos que tenía pendiente desde hace tiempo. No sé si lo moveré, pero quiero terminarlo. Lo que sí que estoy moviendo, aunque despacito, es mi última novela. De momento no tengo ninguna respuesta editorial, pero os mantendré al día.
Y si no me queréis perder la pista, aunque sea de un modo indirecto, a través de mi trabajo como editor, podéis seguir el nuevo blog que hemos abierto: http://elblogdetalentura.blogspot.com/
Pues eso, que seguiré apareciendo por aquí, sobre todo cuando menos lo esperéis.
Un abrazo zurdo para todos y todas.

8 de septiembre de 2011

La tinta azul dejó un reguero

La tinta azul dejó un reguero... Jamás título de un relato fue tan atinado.
Me explico. Ayer, en la jam session de los Diablos Azules, Luis Ricardo Suárez (poeta y cuentista) me dedicó el relato que reproduzco a continuación. Y digo que el título es bien acertado porque parece que La tinta azul de la memoria, mi primera novela, dejó un reguero que, después de más de cinco años de su publicación (y ya descatalogada) sigue proporcionándome lectores y críticas. Sin duda es un acicate para seguir en la brecha. Luis Ricardo, muchísimas gracias. Créeme que tu relato llega en un momento idóneo:

El editor demenciado lanzó el bolígrafo por la ventana: había terminado su novela. Un reguero de tinta azul quedó en el suelo de la acera después de que un alma caritativa recogiese el boli y lo tirase  a la papelera: La tinta azul de la memoria.
Jacinto era escritor. Pasó con su silla de ruedas por encima del reguero. Iba camino de la muerte.
Jonás era ingeniero de Montes. Pasó con su silla de ruedas por encima del reguero. Iba camino de la vida.
Luis era una incógnita. Llegó con un montón de hojas en blanco bajo el brazo. Se arrodilló junto al reguero y fue empapándolas una a una con los restos de tinta azul. Consideró que era la mejor forma en que un autor le podía decir a un editor que le había gustado su novela.

PD: Aunque el libro esté descatalogado, todavía quedan algunos ejemplares y se pueden adquirir aquí:

PD2: Si algún editor más loco de lo habitual quiere leerlo para valorar su posible reedición, no tiene más que gritar y le mandaré un ejemplar gustoso. Es cierto que ahora ya estoy con nuevos proyectos, pero no es menos cierto que me gustaría que alguien mimara La tinta azul de la memoria, ya que la anterior editorial no lo hizo.