28 de octubre de 2010

Literazurda en el programa "Ciudad on line", de Vive 7 tv Córdoba

Pues sí, me han hecho una entrevista en esta televisión. ¡Muchas gracias! Salgo a partir del minuto 7:47. Eso sí, os lo advierto, al menos yo lo oigo fatal. No sé si serán mis cascos, mis orejas, mi ordenador o mi subconsciente...

27 de octubre de 2010

Toso

Toso, luego existo.
Toso mucho, luego, como siga así, dejaré de existir.
Y en un último estornudo, esparciré mis cenizas...

(Oda catarril en ausencia de fiebre. Con ella, hubiera ahondado en asuntos flemáticos y mucosidades del color de la esperanza.)

22 de octubre de 2010

La tinta azul de la memoria en la blogosfera

La tinta azul de la memoria, mi primera novela, tuvo una buena repercusión en la blogosfera:

Irreverens.blog (Irreverens), 13 de enero de 2008
http://irreverens.blogspot.com/2008/01/el-zurdo-en-su-tinta.html

La pequeña saltamontes (Marta), 12 de enero de 2008
http://lapequeasaltamontes.blogspot.com/2008/01/la-tinta-azul-del-espritu-de-mariano.html

La mujer justa (Desesperada), 4 de enero de 2008
http://lamujerjusta.blogspot.com/2008/01/la-tinta-azul-de-la-memoria-2006.html

Estilografic.blog (Estilografic), 1 de octubre de 2007
http://estilografic.blogspot.com/2007/10/la-entrevista-real.html

Burbuja transparente (Belén), 11 de septiembre de 2007
http://burbujatransparente.blogspot.com/2007/09/la-tinta-azul-de-la-memoria.html

Una cana en el mundo (Alberto), 30 de agosto de 2007
http://unacanaenelmundo.blogspot.com/2007/08/la-tinta-azul-de-la-memoria-de-mariano.html

No hay dolor (Maite), 15 de julio de 2007
http://no-hay-dolor.blogspot.com/2007_07_01_archive.html

Un mundo casi perfecto (Clandestino), 13 de julio de 2007
http://unmundocasiperfecto.blogspot.com/2007/07/postales.html

Rincón de la lucidez (Olvidado), 28 de febrero de 2007
http://rincondelalucidez.blogspot.com/2007/02/la-tinta-azul-de-la-memoria.html

21 de octubre de 2010

Editar/escribir

No son pocas las veces que he comentado en este blog y, sobre todo, fuera de él, lo difícil que resulta a veces manejar la personalidad múltiple en la que navego últimamente. Más, si cabe, cuando esa personalidad se multiplica en espejos. Joder, cada día estoy más críptico… Quiero decir que es más complicado aún cuando uno está a ambos lados del espejo. ¿A que ya ha quedado mucho más claro? ¿Que no? Grrrr. A ver, que digo que es muy jodido a veces tener la cabeza dividida, con un hemisferio dedicado a editar y con el otro dedicado a escribir. Por épocas, casi imposible.
Estas últimas semanas parece que lo voy consiguiendo. Aunque el hemisferio editor sigue siendo diez veces más grande que el hemisferio escritor, estos días estoy logrando escribir algunas líneas. Y esto es gracias a varias circunstancias/personas: alguna editora/coordinadora que me espolea, algunas amigas que me animan constantemente, una musa persistente que quiere ser la premio nobel consorte de literatura…
También he comentado mucho, y recientemente, que hay lecturas que me provocan la escritura. Esta vez mi labor de editor se ha aliado con mi vocación de escritor, ya que los dos últimos libros que hemos editado me han dado muchísimas ganas de escribir. Creo que si alguna vez los leéis, lo entenderéis.
Aunque suene a publicidad (y lo es), os recomiendo los libros de estos dos cuentistas de tomo y lomo, Alberto de Frutos y Manuel Espada. Son dos magníficos escritores a los que les une una calidad literaria indiscutible (y ya tengo los guantes de boxeo calados para “dialogar” con cualquiera al respecto) y una manera de enfrentarse a la literatura similar. Ya quisiera para mí la humildad de ambos. No perdáis de vista estos nombres, porque estoy convencido de que tarde o temprano publicarán en editoriales importantes. Y entonces pondré voz de abuelo cebolleta y, orgulloso, diré que los descubrimos nosotros. Os dejo los links a sus libros para que cotilleéis tranquilamente:


Y después de recomendaros buenas lecturas os abandono, que voy a aprovechar que la librería está desértica para rematar un relato que me tiene loco y para seguir con mi novela.
Un abrazo zurdo para todos y todas.

14 de octubre de 2010

Letras


Dices que ya no te escribo.
Y eso es porque buscas tinta en vez de huellas.
Pretendes letras encarceladas en paralelas de cartillas Rubio en vez de jugar a apresar las que salen disparadas a cada vuelta del molinillo de viento.
Dices que hace mucho que no te escribo.
Y eso es porque buscas en el buzón en vez de hacerlo en el bolsillo de tu pantalón.
Prefieres aniversarios que hoy porque sí.
Dices que ya nunca te escribo.
Y eso es porque aún no has quemado el diccionario de la RAE y sigues sin comprarte el traductor de saliva.
Mientras, yo sigo haciendo cosas similares a escribirte.
Y quién sabe, quizás algún día me anime a dedicarte un libro. Eso sí, con las páginas en blanco.

8 de octubre de 2010

Proesía ene

No sé si a vosotros os ha pasado alguna vez. A mí sólo me pasa a veces. Leo un libro, escucho recitar y aparece una idea disfrazada de inspiración. No se trata de copiar lo leído o lo escuchado. No sé de qué se trata.
Hace un rato me ha pasado en la presentación del último libro de poesía de Carlos Salem, Memorias circulares del hombre peonza (Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker). Imperdonable. No tenía ni libreta ni bolígrafo. He recurrido al móvil, la navaja suiza multiusos del siglo XXI.
No creo que Ángel "el abuelo" lea esta entrada, pero una de las poesías de Salem me recordó su obsesión por encender la tele por telepatía. Y salió esto:

Ayer lo volví a probar.
Hacía mucho tiempo que no intentaba encender la tele con la mente.
Empecé divertido, relajado, frunciendo el ceño en un gesto largamente ensayado.
Pasé ya más nervioso a fruncir el cerebro.
Continué, sellando los párpados en un esfuerzo que casi me hace abrir los ojos por la nuca.
Acabé haciendo poses increíbles con mis dedos en mis sienes.
Parecía un B-boy bailando free style.
O un gilipollas.
Al final la encendí, pero con el mando.

Puse el teletexto para ver la primitiva.
Detesto su lentitud cuando busco una noticia.
Tanto como la adoro cuando compruebo la primitiva.
Esa demora me permite concentrarme en los seis números.
Incluso me consiente pensar en qué gastarme los millones que sin duda me van a tocar.
Una vez más mi concentración se reduce al reintegro.

Hago zapping y aparece mi actriz favorita frenando la ruleta rusa que prometía perforarme el cráneo a golpe de cromos repetidos.
La imagino traspasando la pantalla y traspasándome a mí.
La siento tatuada en mi mano.
Pero una vez más reniego de ella al verla acostándose con otro.

Apago la tele.
Renuncio a intentarlo con la mente y a utilizar el mando a distancia como boomerang.
Me acuesto amenazando a mi insomnio con concederle la perpetuidad.
Lo eterno da miedo, así que venzo.
Dormido o despierto me doy media vuelta y mi brazo te encuentra.
Sin intentarlo.
Sin concentrarme.
Sin imaginarte.
Estás ahí.
Para no despertarte, te acaricio con la mente.
Y entonces se enciende la televisión.

7 de octubre de 2010

Microrrelato nº6

“Y al séptimo día descansó”, acabó el padre la narración con solemnidad. El hijo, tercero de la estirpe, se fue a la cama enseguida, ya que mañana era su primer día de trabajo. Sin embargo, apenas pudo dormir. En su cabeza hacía eco la hazaña de su abuelo en su última película como actor porno: Y al séptimo día descansó, y al séptimo día, y al séptimo…

5 de octubre de 2010

Microrrelato nº5

Como cada noche, esperó a que los empleados del supermercado sacaran la basura. Como siempre, observó a las personas que rescataban de las sobras aquello que todavía se podía comer. Por primera vez se acercó a los cubos cuando ya no había nadie merodeando. Apuró las gotas de un zumo, lamió los restos de un yogur, masticó una esquina de mortadela… Sonó la alarma de su iphone. Confirmó la hora en su Rolex. Se subió a su Jaguar. Se fue camino del restaurante paladeando la mezcla de sabores. Supuso, autocomplaciente, que en todos sus supermercados la calidad sería similar. Sonrió. Durante la cena podría tranquilizar por fin a su esposa, ya que en la ciudad donde vagabundeaba su hijo había cuatro establecimientos similares.