7 de agosto de 2010

Recuperando relatos: Cacería de sombras

1

Ayer tocaba comer pollo a la cerveza, pero a última hora decidí indultar al pollo y beberme la cerveza. Bien es cierto que bebí tercios como para cocinar una granja de pollos entera, pero creo que me quedé corto. Debería de haber bebido hasta la parálisis. Siempre he sido muy comedido con esto, y es una gilipollez, porque con la resaca más que garantizada, lo mismo da quedarse dormido en la cama que en el sofá; o en el suelo.
Tras la ingesta decidí iniciar la cacería. ¿Objetivo? No podía quedar ni una sombra tuya por toda la casa. Maté tus sombras una a una: la escurridiza que resbalaba por la mampara de la ducha, la sedosa que trepaba y retrepaba por las sábanas sin hacer, la provocativa que daba forma a los sujetadores y las bragas que no te llevaste, la esbelta que regateaba a los yogures dietéticos caducados que aún están en mi nevera y que impidieron que hubiera más tercios de cerveza, que me los bebiera y que me evitara esta cacería absurda que duró hasta bien entrada la madrugada.
Debí percatarme enseguida. Aunque los recuerdos sean turbios y los sentimientos encontrados, tus sombras nunca fueron negras. Así que llevo toda la mañana recogiendo por toda la casa cadáveres de cucarachas.
Esta noche cenaré ternera al güisqui. Que se vayan preparando las hormigas...

Y 2

Cumplí a medias mi siguiente propuesta culinaria (incumplir es un verbo que aborrezco tanto como practico). Algún cocinero afirmaría que preparé ternera al güisqui desestructurada. En realidad puse la ternera vuelta y vuelta en la sartén, porque no es bueno abusar del sol, con un chorro de aceite, sal y pimienta. El güisqui lo reservé para los postres.
Una vez cenado, me acomodé en el sofá, frente a la televisión. A mano, la botella y la cubitera. Decidí competir con el calor. A ver quién acababa con el hielo antes, si él o yo.
Encendí la tele. Con un cacho de celo dejé apretado el botón con el que se cambian los canales y me sumergí en un zapping vertiginoso que rápidamente se instaló dentro de mi cabeza. Los hielos, y el mismo güisqui, le dieron un toque caleidoscópico que lejos de excitarme, me relajó profundamente.
El sopor me impidió salir a cazar tus sombras. Creo que ajusté la dosis anestésica mucho mejor que con la cerveza del pollo. Acabado el hielo, empate técnico entre el calor y mi coleto, me recosté allá donde aún reside la sombra, ésta sí negra, de tu melena.
Soñé con una manada de hormigas, tal era su tamaño, que avanzaban desde el pasillo hasta el sofá. Parsimoniosas y en línea recta, sin sortear revistero, ropa tirada, mesita y zapatillas. Soñé que trepaban por el sofá y que continuaban escalando por mis piernas.
Desperté aturdido pero sin resaca. De las hormigas, ni rastro, por supuesto. Pero desperté con tus medias negras preferidas puestas.

Y si alguno de los concursantes me quiere votar, ya sabéis, en cultura:



4 comentarios:

F.Puigcarbó dijo...

hola, por aqui estamos, te he dejado un voto en los 20 blogs.

un saludo.

Alena.Collar dijo...

Yo, Mariano, es que prefiero comentarte cuando me lees...sinceramente.
Lo aclaro para que no te extañe mi no aparición; tengo la sensación de no dirigirme a nadie...
Un beso.

Tallahassee dijo...

Jajajajaja Buen relato. Humor sin exageraciones y una prosa bien llevada :)

Juanma dijo...

Espectacular.

Salud.