25 de noviembre de 2009

Otro viaje más, sin más

Ella avanza pensando en sus cosas. Arrastra un carrito improvisado en el que transporta sus aperos de trabajo.
Él la sigue sin correr pero acortando distancias. Lleva el uniforme impoluto, tanto que parece nuevo.
El objetivo de ella es alcanzar el último vagón del metro.
El objetivo de él es alcanzarla a ella.

El metro llega y abre sus puertas.

Ella va a entrar.
Él le da un leve toque por detrás, en el hombro.
Ella se asusta y se da la vuelta.
Él la sonríe para tranquilizarla.
¡Ah, eres tú!
Sí, perdona, pero ya sabes lo que hay.

El metro cierra sus puertas y se va.

Ella y él caminan despacio, charlando amigablemente hacia las escaleras.
Ella se dedica a cantar en los vagones del metro. En su carrito transporta un altavoz, un micrófono y un pequeño mp3 que le pone la orquesta a su voz.
Él es guarda de seguridad en el suburbano de Madrid y no le queda otra que hacer cumplir la normativa. Ambos entienden y aceptan las reglas del juego.

Acostumbrado a los modos toscos diarios que se gastan los uniformados, y siento generalizar pero es que lo veo a menudo, esa sonrisa y esa amabilidad me parecen la mejor de las maneras de ejercer la autoridad.

Yo ya estoy sentado en el vagón. Leo “Estrella distante” de Roberto Bolaño. A mi lado una mujer de unos cuarenta y tantos lee la biblia. Guarda la biblia y saca otro libro del bolso. “Evangelio 2009”. Paradójico choque de contenido y fecha. Enfrente de mí un grafitero con pintas de grafitero practica con lápiz en un cuaderno una firma artística que espero que no estampe en la fachada de mi librería; para variar.

Es sólo eso, un viaje más en metro, de ida o de vuelta, según se mire.

PD. Que nadie pervierta el lenguaje. Querer nunca puede ser sinónimo de agredir. Querer y agredir son antónimos perfectos. Si alguien pretende demostrarnos lo contrario, lo mejor es huir sin permitir que el otro nos inunde con matices.

18 de noviembre de 2009

Presentaciones policarbonadas

Queridos amiguitos y amiguitas:
Caigo por acá, por mi blog, para dar señales de vida, no sea que a golpe de ausencia os olvidéis de este pobre zurdo que últimamente no tiene tiempo ni para respirar. Casi echo de menos, y no exagero, leeros que actualizar, pero ahora toca volcarse en el trabajo.
Y de trabajo os hablo, no para justificarme, sino para compartir con todos vosotros la parte pública de él: los libros editados y, esta vez, más concretamente, de las presentaciones policarbonadas de estos libros. Preparaos, que vienen curvas...

Presentación de Tribulaciones de un sicario
20 de noviembre, viernes, a las 20,00 horas
Lugar: Local social de la
Unió Musical L`Horta del barrio de Sant Marcel.lí
C/ Músic Cabanilles, 48 baix, Valencia
Tribulaciones de un sicario, de Elena Casero, es una novela corta, de corte negro-humorístico que ha tenido gran acogida, tanto, que ya vamos por la segunda edición.
Esta vez no podré acompañar a Elena, pero sé que irá todo bien.

Presentación de Estampaciones
21 de noviembre, sábado, a las 19 horas
Lugar:
Librería La Clandestina
C/ Palma 49, Madrid

Estampaciones, de Alena Collar, es un libro de relatos y estampas recién salido del horno. Es un libro evocador, sutil, sencillo, que coquetea con el lenguaje directo en algunos de los relatos y con el lenguaje poético en otros. Y, como plus, no está exento de dosis de humor.
Presentaré yo el libro como editor de la cosa.

Presentación de Una brecha en medio de la rutina
26 de noviembre, jueves, a las 19 horas
Lugar: Auditorio de
Canet d,En Berenguer
Canet d,En Berenguer, Valencia


Una brecha en medio de la rutina, es un libro de relatos escrito por dos enfermeras, Carmela y Tere. En el libro abordan la enfermedad, la brecha en la rutina, con optimismo, cierto humor y, sobre todo, con un absoluto respeto por la dignidad de los enfermos.
También presentaré yo el libro.

Presentación de Relatos metropolitanos
11 de diciembre, viernes, a las 20,00 horas
Lugar:
Entrelíneas Librebar
C/ Gonzalo de Córdoba 3, Madrid

Relatos metropolitanos, del menda lerenda, es un libro de relatos escritos en el metro de Madrid. Los tres primeros son, además, relatos transcurridos en el metro. Los tres segundos los traía inspirados de casa.
A falta de alguien que se ofrezca voluntario, y en un acto de egolatría zurda, me presentaré a mí mismo.

Sí, ya sé que muchos estaréis pensando cómo este tío tiene la cara de presentar un libro que se publicó hace un año. Pues ya veis, he estado tan ocupado mimando a mis/nuestros autores, que apenas he tenido tiempo de promocionar mi libro. Así que, animado por algunos amigos que confían en él, me he lanzado a ello. Encima lo presento en un sitio nuevo que os recomiendo, un café literario que apuesta por las editoriales independientes y los autores desconocidos. ¡Igual de locos que nosotros!
Os mantendré informados, porque quiero preparar alguna cosilla que puede ser divertida.

Ahora ya sabéis en donde estaba escondido, aunque casi todos los sabíais. Para colmo llega la navidad, grrrr, y el trabajo librero aumenta exponencialmente.
Siento no haber contestado a los comentarios de las entradas anteriores.
Y tranquilos, que no voy a poner publicidad en mi blog (que ya la hago yo sobre mis negocios y de manera gratuita, jajajajaja).
Besitos/azos y un abrazo zurdo para todos y todas

5 de noviembre de 2009

Retrato zurdo: Escena 17

Anclado de codos sobre los muslos. Un muslo suyo, dos míos. Un brazo suyo, todo yo. Cabeza descuidadamente rapada, pendiente minúsculo en la izquierda. Un tatuaje grande pero sutil escala por las fibras en espaldera de su bíceps izquierdo (no es que insista en mi vocación zurda, sino que estoy sentado a su siniestra, por lo que su lado diestro se me oculta como la más oculta de las caras de la luna). Ese tatuaje se cuela a duras penas entre la camiseta más ajustada del mercado y la piel más tersa de los gimnasios, anunciando que debajo de su ropa deportiva, probablemente, proliferen más tatuajes (o todo ése se enrede ilustrando esa enciclopedia de anatomía andante). Pantalones de chándal, zapatillas de deporte. Ni reloj, ni móvil, ni cartera a primera vista (intuyo que estarán en el bolsillo derecho que no veo). En las manos, un puñado de hojas (cuento cinco) escritas a mano y arrugadas, manoseadas de tanto pasarlas compulsivamente. Lo que me extraña es que no estén ya en juliana vistos los dedos enormes y de lija, pequeños bíceps endurecidos, producto de sujetar con fuerza las mancuernas, ésas que se empeñan en demostrar que la fuerza de la gravedad existe.
Cinco hojas enumeradas, con una letra precipitada (o fruto de una lentitud por falta de costumbre). En la primera, un encabezado en mayúsculas doblemente subrayado: ESCENA 17.
Dos personajes, ELLA Y ÉL dialogando. Las frases de ÉL iluminadas en fosforito amarillo. Repite en silencio y a oscuras cada frase. Repite media frase y abre los ojos porque no se acuerda de la segunda parte. Pasa de página y repite la operación como en una máquina de energía continua (de fallar continuamente).
Aunque la letra es cuneiforme, de tanto pasar página, paradójicamente, se van aclarando los trazos y soy capaz de leer todas las líneas. A las dos paradas ya me sé todo el diálogo. Estoy a punto de ofrecerme para darle la réplica, pero el pudor me lo impide. Si lo hubierais leído lo entenderíais. No reproduzco la conversación para respetar los derechos de autor y porque estamos en horario infantil.
Mi imaginación calenturienta y yo nos bajamos del vagón en Tribunal, fin y principio de mis viajes diarios y metropolitanos. Y voy camino de la librería repitiendo este retrato zurdo y la escena 17 en mi cabeza, pero esta vez las líneas que están buceando en fosforito amarillo son las de ELLA, y todo el viaje lo hago sentado al lado de una actriz porno.