15 de abril de 2010

Arturo Alonso y escritores policarbonados en La noche de los libros



¿La noche de los libros? ¿Pero no es el 23 de abril? Todavía falta una semana y ya está éste dando el coñazo, pensará más de uno y de una… Pues sí, queridos amiguitos y amiguitas, aquí estoy adelantándome a los acontecimientos, pero es que la semana que viene voy a dar una vuelta de tuerca más a mi ya estresante vida laboral, y mucho me temo que desapareceré del mundo virtual para bucear en el real.

Que nadie se asuste, que esto no es una entrada comercial sobre la Clandestina, ni mucho menos. Os quería hablar más de la vertiente emocional de esa noche, que de otra cosa. Eso sí, aconsejándoos que si podéis la disfrutéis, porque, al menos en Madrid, se monta una buena fiesta. En muchísimas librerías hay actos literarios y musicales y el ambiente es muy agradable (aparte del 10% de descuento en todos los libros, que esa es la parte más comercial).

Nosotros, y entro en el meollo de esta entrada, hemos organizado dos actividades. La literaria será un encuentro de escritores y escritoras de nuestra editorial, y la musical correrá a cargo de un buen amigo mío, el tenor Arturo Alonso (acompañado a la guitarra por Estefanía Carrillo).

Ayer una de mis autoras me decía que ella me veía disfrutar mucho como editor, casi más que como escritor. Con matices, le di la razón (el día que algún editor me preste atención quizás se equiparen estas dos facetas mías, y creedme que ganas no me faltan…). El caso es que disfruto muchísimo editando libros, esa es la verdad. Y sufro mucho también. Sobre todo porque me gustaría ayudar más a los autores de lo que ya lo hago (y por favor, aumentad este singular a un enorme plural porque tengo dos socias que no me las merezco). En realidad es todo más sencillo de lo que parece. Imagino cómo me gustaría que me trataran a mí como escritor e intento trasladarlo a mi trabajo como editor. Evidentemente con todas mis limitaciones y carencias, tanto personales, como profesionales y financieras. De momento no me puedo quejar (y espero que ellos tampoco, jajajaja). Con todos mantengo una relación más que cordial, así que me hace muchísima ilusión poder compartir velada con ellos, que se conozcan, que compartan experiencias… Porque la actividad será tan simple como esto, una charla distendida entre escritores y lectores sobre algo más complejo: escribir y leer.

Aprovecharemos para presentar en Madrid el libro Elefantiasis, de Raúl Ariza, y para que Mariano Velasco nos anticipe algo de su próximo libro, Don Gerundio en el Bosque de la Prosa, con el que iniciamos una colección infantil que nos tiene muy ilusionados.

Se notarán las ausencias de Jorge Arbenz (los poetas malditos no suelen asistir ni a la cita con los espejos), de Daniel Díaz (que estará en el Instituto Cervantes de Tel Aviv participando en una mesa redonda), de Teresa Bosque y Carmela Vélez (que estarán presentando su libro en el Hospital de Manises) y de Lourdes Castro (que ya no sé si estará volviendo de la India o viajando hacia Ámsterdam, grrr). Pero estarán (aparte de los citados Raúl Ariza y Mariano Velasco), Elena Casero, Alena Collar y Pedro Carrasco. Y si aparecen coautores de Blogs de papel, o futuros autores (que haberlos, ya haylos) pues tanto mejor. Sinceramente, creo que puede ser una cita muy interesante.

Y os decía que la actividad musical corre a cuenta del tenor Arturo Alonso (vamos, el que viene siendo Arturito, de toda la vida…). A Arturo le conozco desde hace diecisiete años y nos conocimos cantando. Y cantando hemos crecido y hemos compartido conciertos, viajes, anécdotas buenas y peores, y cañas, muchas cañas… Guardo en la memoria muchos momentos personales y no pocos musicales, entre ellos un “Alfonsina y el mar” en un concierto que dio con una amiga suya cuando la mili se hacía con lanza… Me precio de ser una de las personas que más le dio el coñazo para que aprovechara el don que tiene (que conste que siempre he defendido que no por medir dos metros te tiene que gustar jugar al baloncesto; pero no es el caso). Y va a ser un auténtico placer escucharle aquí, rodeado de libros (y espero que de gente).

Para mí será una noche especial (y agotadora) y espero que pueda compartirla con muchos de vosotros.

Un abrazo zurdo para todos y todas.

Y con la que está cayendo… ¡Salud y República!

8 de abril de 2010

Elefantiasis y más

Sí, estoy desaparecido. Básicamente porque tengo más trabajo que uno que tenía mucho y porque estoy remodelando mi presencia virtual, que dentro de poco tendrá varias novedades…
Últimamente, a una frenética actividad editorial, se une que por casualidad he leído dos libros que hablan de editores y escritores, Egos revueltos, de Juan Cruz, y Dublinesca, de Enrique Vila-Matas. De ambas lecturas, recomendables (sobre todo el prólogo de Juan Cruz si uno está mínimamente ligado con este mundo), he sacado tres conclusiones:
-los escritores en general disfrutan de un buen ego y los editores no les andan a la zaga.
-el editor está en la permanente búsqueda del escritor genial, de descubrirle él antes que otros.
-escritores y editores son muy dados a coquetear con la cirrosis…
Sendas conclusiones sin más connotaciones negativas que las que se le quieran poner, porque en ambos libros se potencia la vertiente humana del que se dedica a escribir y a editar, y se habla del ego más como algo consustancial a la persona que como un estigma (y es que el ego suele tener muy mala prensa).
Mi ego de escritor siempre tuvo forma de sierra, con más valles que cimas (ahora creo que disfruta de una cómoda meseta, más que nada por mi baja actividad literaria). El de editor está en estos momentos en un punto álgido, pero más por los autores y las obras que tengo la suerte de poder estar editando. Seguiré buscando a mi escritor genial, sin duda, pero sin perder de vista la genialidad de los que ya he editado, que no es poca. En cuanto a mi faceta alcohólica, de todos es sabida mi fidelidad a la Mahou…

Y acabada esta introducción tan mía (es decir, tan larga e innecesaria), pasaré a hablar del último libro que he tenido la suerte de editar: Elefantiasis, de Raúl Ariza.
Y no abandonaré mi línea de hablar de los libros más desde un punto de vista visceral que técnico (con más razón siendo parte implicada en el proyecto). Además, en este caso, toda la información del libro la tenéis aquí: http://www.libroelefantiasis.com/ (vídeo promocional, aparición en medios, dónde comprarlo, todo…). Además os aconsejo que leáis su blog (http://elalmadifusa.blogspot.com/) pero con la advertencia de que si lo hacéis irremediablemente querréis comprar el libro.
En mi editorial, Editores Policarbonados, buscamos dos cosas a la hora de publicar, y no me preguntéis cuál de las dos tienen más peso específico: obras con una buena calidad literaria (desde nuestros parámetros) y autores comprometidos con su vocación literaria (más allá de una obra concreta y de una relación más o menos duradera con nosotros). Evidentemente sin una buena obra no hay nada que hacer, pero buscamos sentirnos cómodos con nuestros escritores, sentir que navegamos en la misma dirección. Y sí, buscamos pasión por escribir más que por el mero hecho de publicar.
Todas estas condiciones se dan en el tándem Raúl Ariza/Elefantiasis. Lo intuía tras largas conversaciones telefónicas y facebookeras. Y se constató comiendo en la terraza del Voramar, a pie de playa, pero ese es otro tema que queda para la intrahistoria del libro.
En Elefantiasis se reúnen cincuenta relatos (algunos los considerarán microrrelatos estirados y otros novelas encogidas) en los que la soledad planea como caldo de cultivo para hacer o dejar de hacer muchas cosas. Raúl no nos propone un catálogo de males sociales, sino que nos muestra personas particulares que reaccionan ante el eco que sus propias experiencias han ido vaciando.
Podría destacar muchas cosas, pero lo haré sólo con dos. El libro no deja indiferente y no es un libro para vagos.
Elefantiasis traspasa la epidermis, ataca al centro de las vísceras, pero sin estridencias. No hay desmesura ni fuegos artificiales en sus relatos. Brilla por su ausencia el lenguaje rimbombante, los trucos de prestidigitador. Toca la fibra por lo que cuenta, no por cómo está escrito; que está escrito divinamente. La sencillez siempre desnuda y pone a los textos en la cuerda floja.
Elefantiasis no es un libro para vagos. Ojo, no es un libro difícil de leer, más bien al contrario. Lo que pasa es que el vago se quedará a medias, porque Raúl hace suya magistralmente la famosa frase de “valgo más por lo que callo que por lo que digo”. Meticuloso como es, no sobra ni una sola palabra y, las que faltan, las tendrá que poner el lector. Raúl Ariza es un maestro en el manejo de la elipsis. Realiza su trabajo de escritor concienzudamente y reta al lector para que haga lo mismo, para que no se conforme con la literalidad del texto y haga todas las lecturas posibles. Sí, Raúl invita al lector a escribir mentalmente mientras que lee.
Y no quería desaprovechar la ocasión para hablar de las ilustraciones de Carmen Puchol (http://carmenpuchol.blogspot.com/), porque con ellas, ha elevado el número de relatos a sesenta. Se supone que un ilustrador debe potenciar el texto con su arte. Carmen lo consigue sin duda. Cada ilustración rezuma el espíritu del relato que acompaña. Pero a la vez, cada ilustración cobra vida, encerrando nuevas visiones de cada relato. Carmen no ha sido una lectora vaga, y ha sacado su propia lectura y la ha reflejado en dichas ilustraciones. Por lo que podríamos decir que Elefantiasis coquetea entre los cincuenta y los sesenta relatos.

Pues hasta aquí hemos llegado, el que quiera saber más, ya sabe, que se lo compre… ¡Vagos, que sois unos vagos! O no.