Me parece que éramos unos cuantos los que estábamos esperando la publicación de esta novela.
No recuerdo cómo llegué a ser nadie; perdón, quería decir que no recuerdo cómo llegué a Cómo ser nadie, el blog de Javier Menéndez Llamazares. Sólo sé que le vengo siguiendo los pasos desde hace bastante tiempo. Cuando empecé a leerle, ya estaba “El método Coué” en el lateral derecho de su blog. ¿Otra novela en busca de editorial? Pues sí, pero estaba la búsqueda encontró. Y no encontró cualquier cosa, sino Funambulista, una editorial altamente recomendable, con varias joyas en su catálogo, y con un cuidado editorial exquisito en el diseño y en la edición de sus libros (aunque hecho a faltar la mano de un buen corrector y, en algunos libros, la maquetación flojea un poco, un mal endémico ya dentro del mundo editorial).
De Javier, aparte de las entradas de su blog y de sus columnas en el diario Alerta, ya había leído un relato que amablemente me mandó y con el que ganó un premio (Javier, disculpa pero ni recuerdo el premio ni el título del relato, es que salir de juerga a ciertas edades pasa factura…). Y para colmo colaboró con un relato, Transferencia, en Blogs de papel (1), uno de nuestros hijos policarbonados.
¿Si digo que Javier tiene mano de escritor se me entiende, os parece que se queda corto el calificativo? Es que para mí hay gente que escribe y hay gente que tiene mano de escritor, pero es que ya sabéis que yo soy algo rarito. Me extenderé un poquito más, por si las moscas. Javier es un escritor sólido, un escritor que no defrauda (mucho me temo que ya se encarga él de que no sea así), con una prosa directa, sin más florituras de las necesarias, y con una capacidad narrativa que le permite abordar proyectos tan ambiciosos como El método Coué (pinchando en el link encontraréis la web del libro, en la que podéis disfrutar de un magnífico book-trailer). Admiro profundamente a los escritores que se embarcan en novelas en las que la documentación y el rigor histórico son esenciales para que el lector pueda transportarse a una época determinada sin que el escenario cante a cartón-piedra. Y más admiro a los que lo consiguen, como es el caso de Javier.
¿Qué se le ha perdido a un leonés de Santa Colomba de Curueño en el Berlín de la 2ª guerra mundial? ¿Qué malabarismos hizo Franco durante esa guerra para no enemistarse más aún con los aliados? Majetes y majetas, para encontrar las respuestas y para haceros más preguntas, tendréis que leer El método Coué. Y os lo aconsejo encarecidamente, qué caramba.
Yo siempre he sido un defensor a pequeña escala del método Coué en su versión más onanista. Es decir, que recomiendo que cada mañana, al lavarnos la cara y, mirándonos fijamente en el espejo, nos deseemos buen día a nosotros mismos y nos regalemos los oídos con unas cuantas palabras de ánimo.
En relación a este libro, os anuncio dos cosas:
-Javier estará firmando libros en la Feria del Libro de Madrid el sábado 30 de mayo a partir de las 11 de la mañana en la caseta 221, la de la editorial Funambulista.
-A finales de junio (cuando tengamos fecha, lo anunciaremos) haremos una quedada bloguera en la Clandestina para hablar sobre el libro, básicamente para celebrar su publicación.
Pues eso, que adiós muy buenas, y que un abrazo zurdo para todos y todas.
PD. Javier, que se me olvidaba, mis agradecimientos por tus agradecimientos.
22 de mayo de 2009
El método Coué
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Mariano Zurdo
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Etiquetas: Libros
18 de mayo de 2009
Mario Benedetti
Tenía medio preparada una entrada graciosilla (o no) para hoy sobre los últimos escarceos de los espadachines ZP y Maricomplejines (espadachines más de mondadientes que de florete), pero la dejaré para otro día o para nunca.
Ayer se murió Mario Benedetti. Casi toda la prensa le destaca como "el poeta del compromiso" y no seré yo quien les enmiende la plana, entre otras cosas porque no soy ni un especialista en poesía ni un especialista en Benedetti, sólo un humilde lector que le descubrió muy tarde y en su faceta narrativa.
Siempre recomiendo "La tregua", "La borra del café" y "Primavera con una esquina rota". Y ahora que lo pienso, no me queda otra que unirme a lo de "el poeta del compromiso" yo también, porque la prosa de Benedetti es muy poética.
Y no quiero añadir nada más, simplemente, que me queda mucho por descubrirte, y eso ya es mucho. Y que saludes de mi parte a Onetti y a Idea.
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12 de mayo de 2009
Metrohistoria (variación autobusística)
Estar permanentemente localizable es una moneda con cruz y media (o cara y media, que jamás supe cuál es la cal y cuál la arena). Si hubiera tenido móvil hace unos añitos, por ejemplo, mi familia no habría estado un día entero buscándome en las listas de muertos y desaparecidos en la riada de Biescas, mientras que yo triscaba por los Pirineos totalmente ajeno a la tragedia.
¿Podré convenceros de que el móvil puede tener su cara amarga? Por ejemplo, en ciertas circunstancias nuestra intimidad queda desnuda, proporcionalmente con menos ropa a medida que aumenta la cobertura. Un sitio perfecto para compartir una conversación privada es el vagón de metro, gracias al silencio provocado por los asistentes a los conciertos privados de mp3.
Hoy, sin embargo y saliéndome de la rutina, salimos a la superficie y nos montamos en un autobús, que haberlos, haylos.
Nada más subir, avisto un asiento vacío que está detrás de una chica que habla por el móvil. La chica está discutiendo con su madre (¿la pista?, repite “mamá escúchame” todo el rato, habla mirando a la ventana como buscando el rostro de su contrincante en el reflejo y los ademanes son tan bruscos como contenidos, lo que aumentan la potencia del gesto). La chica no habla alto, pero es tan expresiva que la escucharía hasta un sordo; sobre todo un sordo. La conversación fue creciendo en lágrimas hasta llegar al llanto coincidente con el final de la conversación.
Entre que no soy nada cotilla, que estoy medio sordo y que iba trabajando (no recomiendo a nadie corregir textos por la calle, es todo un deporte de riesgo) la verdad es que no me enteré del contenido de la conversación/discusión, ni falta que hace.
Una parada después que yo, se sentó junto a la chica una señora mayor. Me pillaba en diagonal, así que pude ver cómo la miraba de soslayo. Cuando la chica colgó y los lagrimales no eran posibles fuentes sino cascadas, la mujer mayor la toco la mano para tranquilizarla. Empezó una conversación de esas de autobús, “¿vas a la última parada?” Le ofreció un caramelo, y de la forma más natural se pusieron a conversar. La chica hipaba aún pero lloraba menos. La mujer mayor le daba consejos, pero más desde el cariño y la ternura que del paternalismo (perdón, maternalismo, quería decir, que esta palabra también existe aunque la RAE calle). Pasó de la simpatía a la empatía en apenas parada y media. Cuando me bajé charlaban animadamente (que no alegremente).
Quizás la chica necesitara estar en ese preciso momento en medio de un desierto, o simplemente en la soledad de su habitación. O quizás no.
Quizás yo no debería haber escrito esta entrada. O quizás sí.
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Etiquetas: Metrohistorias
5 de mayo de 2009
La trilogía de Deptford
Estos días estoy acabando de leer el último libro de la trilogía de Depford, del canadiense Robertson Davies. Tras El quinto en discordia y Mantícora, ahora estoy disfrutando de El mundo de los prodigios.
Me habían recomendado varias personas, y todas literariamente de fiar, que probara a leer algo de este escritor, conocido entre otras cosas por escribir trilogías (que se prepare la de Cornish porque caerán en mis manos los dos primeros libros que ya están publicados). Lo había ido dejando pasar, como a tantos autores y a tantos libros que tengo pendientes, pero un buen día me animé a ello; sin ninguna razón en especial. Quedé fascinado, tanto que me los he ido bebiendo uno tras otro.
¿Por qué la fascinación? Pues no sabría decirlo, la verdad. He repetido varias veces en este blog, hasta hacerme pesado, que hace ya mucho tiempo que no suelo hacer crítica literaria de lo que leo (ni cinematográfica de lo que veo ni musical de lo que escucho…) porque estoy pasando por una larga temporada en la que ejerzo de disfrutón, de visceralidad, en la que las cosas me gustan o no me gustan, y en la que no busco razones contundentes para ese disfrute o para el aburrimiento. Pero es que esta vez no sabría decir qué es lo que me engancha tanto de este escritor. Y lo gracioso es que el otro día un cliente compró Ángeles rebeldes (el primer libro de la trilogía de Cornish) y le pregunté si había leído la trilogía de Deptford, a lo que me contestó que sí, que estaba enganchado a Davies pero que no sabría decirme por qué, que no tenía claro por qué le gustaba tanto. Sentí un alivio curioso.
Y más alivio siento cuando hay gente que hace tan bien lo que a mí tanto me cuesta, que es hablar sobre libros. Así que os recomiendo que os paséis por el blog de Ad astra per aspera (La mujer justa), un magnífico blog de crítica literaria que no debería pasar por alto y en el que ya habló sobre El quinto en discordia y sobre Mantícora (ya de paso os comento que una vez habló de un tal Mariano Vega, glub).
Para más información sobre Robertson Davies y su biografía/bibliografía: www.librosdelasteroide.com
Ale majetes, a seguir leyendo/escribiendo (sigo por aquí aunque últimamente os tenga desatendidos).
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Mariano Zurdo
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Etiquetas: Libros
