Querido diario:
Por fin lo he hecho. El sábado me acosté con Joaquín. No te he hablado de él porque me daba vergüenza hasta nombrarlo. Tiene 17 años, aunque aparenta menos. Es muy guapo y tan tímido como yo. Le conocí en las clases de confirmación, aunque ya le había visto varias veces por los pasillos del instituto.
Fue la primera vez para los dos. Lo hicimos en mi casa, aprovechando que mi madre se fue a pasar el fin de semana a la capital. Cada dos meses va a visitar a su hermano mayor. De pequeña me llevaba siempre con ella, pero dejó de hacerlo con la excusa de que Madrid no es una ciudad para gente como nosotros.
Creí que nunca me iba a atrever a acostarme con un chico. Madre habla mucho de sexo conmigo, casi todos los días, pero para prohibírmelo moralmente, para pintármelo como lo más asqueroso del mundo, como algo sucio y doloroso, como algo peligroso que cambiaría mi vida drásticamente. ¡Y vaya si me la ha cambiado! Llegué a ver a todos los hombres como potenciales violadores, hasta que conocí a Joaquín. Llegué a pensar que realmente el sexo era algo malo y sucio, incluso para reproducirse. Hasta el sábado.
Madre me tuvo a los dieciocho años recién cumplidos y sus planes de futuro se fueron al traste. Ella no tuvo la culpa, la culpa la tuvo padre, la tuve yo y la tuvo el sexo.
El ambiente rancio del pueblo tampoco ha contribuido a mejorar mi imagen de los hombres y del sexo. Las series de televisión que veo a escondidas discrepan tanto con la realidad que vivimos aquí a diario… El párroco con sotana de invierno hasta en verano, los corrillos en cada esquina con el metro de sastre dispuesto a medir la largura de las faldas y la profundidad de los escotes. El confesionario repleto de beatas pidiendo la absolución del pecado de tildar de putas a casi todas las niñas, adolescentes, casadas y viudas del pueblo que se desvían un grado a la izquierda de los preceptos morales. Don Severino dirige el colegio casi como en los primeros capítulos de la serie “Cuéntame” y poquísimas mujeres se libran de entrar en el club “Vicaría, maternidad y labores del hogar”. En definitiva, un pueblo grande, no un pueblín precisamente, vestido con ropajes apagados que van oscureciéndose a medida que avanza la semana, llegando al negro predominante de los domingos.
Joaquín llevaba semanas mirándome de forma diferente en las clases de confirmación. Soy tímida y timorata, pero no tonta y enseguida me di cuenta. Y enseguida yo también empecé a mirarle a él de forma diferente. Empezamos a hacernos los encontradizos y a buscar los caminos a casa que nos permitieran compartir el mayor tramo posible. No hubo besos previos, ni consentidos ni robados. No hubo tocamientos ni en portales ni en oscuridades. Ni siquiera hubo conversaciones de aproximación ni declaraciones previas. El deseo, que ahora reconozco mutuo, invitó a Joaquín a proponerme directamente que nos acostáramos. Del bofetón no le libró nadie, claro. Porque es lo que tiene que hacer una chica decente y porque me daba unos segundos vitales para reaccionar. Él lloró, de vergüenza más que de dolor, pero debió darse cuenta de que el deseo residía ya en mis ojos, se enjugó las lágrimas y me lo volvió a proponer. No podía acceder sin más, desde luego no me habían educado para eso, así que me despedí con un tal vez que sonó demasiado a aceptación. Y no me arrepentí.
En varios días no coincidimos, sin esquivarnos, probablemente buscándonos. Le volví a ver al siguiente viernes y, después de clase, nos acompañamos por la ruta más larga posible. Al llegar a la encrucijada, le dije que al día siguiente estaría sola en casa, que mi madre no volvería hasta el domingo. Acepté su beso vertiginoso, tanto que no acertó en los labios, y su huída despavorida como un sí a la cita. Me dio tiempo a gritar un “te espero a las ocho” con la esperanza de que le hubiera dado tiempo a escucharlo.
El sábado a las ocho estaba puntual como un clavo llamando al timbre. Llevaba detrás de la puerta cinco minutos, pero no llamó hasta que sonaron las campanas de la iglesia. Lo sé porque yo llevaba los mismos cinco minutos observándole por la mirilla.
Le dije dónde podía dejar el abrigo y le llevé hacia mi cuarto. Mi cama es muy pequeña, pero jamás osaría utilizar la cama de madre ni para dormir.
Igual que no hubo preámbulos ni largas frases antes, no las hubo ahora. Nos desnudamos despacio, uno enfrente de otro, con la luz encendida. Yo lo tenía claro, ya que me había decidido, quería verlo todo, y Joaquín no protestó. Al poco tiempo él se quedó sólo con unos calzoncillos de niño y yo con unas bragas de vieja. No me había puesto sujetador para no ponerle en el compromiso de tener que hacer una primera demostración de virilidad quitándomelo sin titubear.
Nos acercamos casi a la par, como si ninguno quisiera ceder la iniciativa al otro. Le bajé los calzoncillos y me quedé paralizada. No de miedo, sino de emoción. Era la segunda vez que veía a un hombre desnudo de cerca, y la primera que lo tenía todo para mí. De pequeña, madre y yo lavábamos a padre cuando enfermó, pero más que un hombre a esas alturas era un guiñapo. Joaquín me abrazó y con una ternura que no pudo si no tranquilizarme, me dijo que no me preocupara por nada, que se había bajado varias películas de internet y que sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Terminó de desnudarme, nos acostamos y la estrechez de la cama le colocó a él encima de mí. Todo fluyó de una manera natural, torpemente natural. Sólo se interrumpió cuando el quiso levantarse a por un condón y yo se lo impedí. Joaquín insistía, pero yo tenía mis razones y le convencí de la manera más sencilla y tradicional: “Sin condón o no lo hacemos”.
Ni me dolió ni obtuve placer, pero me encantó. Me gustó mucho sentirle entregado, atento. Me gustó mucho sentirme su primera mujer, notar la emoción de sus primeras exploraciones en mi cuerpo. Me pareció fascinante, raro, sentir cómo penetraba en mí. Me da mucha vergüenza decirlo, pero disfruté mucho cuando sentí brotar su semen dentro de mí. En ese momento me estremecí, casi noté placer. Hubiera muerto tranquilamente con él derrotado sobre mí, sudoroso, temblando, acompasando su vientre con el mío, mis dedos peinando sus rizos, los suyos acariciando mis costados.
Sé que no deberíamos repetir, y así se lo dije. Él no se molestó en rebatírmelo y yo sólo vivo para arrancar de dos en dos las hojas del calendario, con la esperanza de que madre adelante la siguiente visita a su hermano mayor.
Querido diario, jamás volveré a contarte nada sobre lo sucedido ni sobre Joaquín. Es más, cuando ponga el punto y final a estos párrafos te quemaré. Temo mucho que alguien se entere de esto y tenga repercusiones negativas para él y para mí. Sé que el trabajo de mujer de la limpieza del instituto no es gran cosa, pero es todo lo que tengo. Y no me gustaría dejar de ser catequista en los grupos de confirmación de la parroquia, porque me reconforta el trato con los jóvenes. Y me dirás tú, si la gente se entera y tengo que emigrar del pueblo, a dónde voy yo ahora, a mis cincuenta recién cumplidos.
Siete y veinte de la tarde del 9 de enero de 2010






29 comentarios:
¡Pedófila, a la cárcel con ella! ¿Eso es lo que querías no? Abrase visto, mostrar esta página del diario en público... Al menos has tenido la decencia de no poner su nombre, espero que no se entere porque eso la mataría.
PD: Tenía que empezar así el comentario, pero me ha costado. Entre tú y yo, me ha enternecido releer algunas cosas tras acabarlo. Muy bueno, tío.
PPD: Muy curioso, me ha dejado pensando.. Si ese diario lo hubiese escrito una chica de 17 años en los años setenta no me hubiese enternecido, cambia absolutamente todo lo que dice. Fíjate si son importantes las líneas que no están escritas en todo escrito, lo que hace la imaginación...
Menudo relato...
Al principio creí que se trababa de dos chicos, luego de una chica de antes y un chico, y al final descubres el pastel...
Estupendo broche para cerrar el relato y darle sentido al todo.
Felicitaciones
L;)
¡Jo! Pero ¡qué bueno! Si es que la represión causa estragos... No me esperaba ese final para nada, lo cual resulta perfecto. Enhorabuena, de verdad. Voy a pasarle el link de la entrada a más gente, para que lea el relato ^^ (cosa que espero que no te importe...).
Saludos,
Paula
Buenísimo!!! Ese poder de razonar y convencer me encanta. Hora del escrito también, claro.
Me ha llegado profundamente tu relato.
Es un gran relato literariamente. Pero además tiene una ternura y una delicadeza que lo hace trascender; en el sentido de que no se queda en la anécdota sino que a través tuyo esta historia es de todos.
Es Literatura de Verdad.
Porque se empapa de Vida.
Un abrazo.
que buena :)
saludos mariano.
Toma Roto! jajajaj, me encanta cuando me dejan desubicada, como es el caso
jajajajajja
Y mira, ayer estuve viendo una exposición de Eugene Smith, un gran fotógrafo que trabajó para la revista Life... e hizo un reportaje sobre la españa profunda en el año 51...
http://asoleto.free.fr/deleitosa/spaniendorf.htm
Jo... si hubiera que ponerle alguan foto, sin duda sería esta...
Besicos
Bravo, Mariano. Me ha encantado, esa capacidad para dejarnos tiritando, y para sentir una ternura por esa mujer que fue víctima de la represión. A eso se le llama represión...
No es por polemizar, pero la página a las que nos remite Belén no pueden ser fotos de 1951. Al menos tres, seguro. En una se ve un calendario de 1979 (bajo la orla de la facultad de quimicas de la universidad de Salamanca, es la de la señora que está cosiendo). Em otra a la derecha del crucifijo de la clase se ve la foto de los Reyes.
Y en otra está la televisión puesta anunciando una muñeca.
Y digo que no quiero polemizar, porque Belén tiene razón y alguna de estas fotos podrían ilustrar el relato, y porque si estábamos así en algunas zonas de España en 1979 o sea hace treinta y un años, resulta casi futurista el relato de Mariano.
Magnífico, me ha emocionado mucho y me ha hecho pensar en cosas. No se le puede pedir más - ni menos- a la obra literaria.
Petonets/assos.
Orlok, muchas gracias por tu comentario. Uno de los éxitos o fracasos de este relato es precisamente eso, lo que deja de decirse.
Loli, entonces objetivo cumplido.
Paula, permiso concedido, faltaría más...
Raquel, muchísimas gracias, de verdad.
Alena, se me hacen un poco grandes las palabras que me dedicas, pero me encantan, para que te voy a engañar.
SAV, saludos para ti también.
Belén, desde luego esas fotos le irían que ni pintadas, pero habría que buscar un rincón actual, que haberlos haylos.
Amando, sin duda la ternura es una de las cosas que quería primar, más allá del puro sexo, así que contento me hallo.
Jove, es una de las mejores cosas que podrían decir de algo escrito por mí (aparte de "te contrato como escritor por tropecientos euros", jajaja).
Besitos/azos y un beso zurdo para todos y todas.
A mi también me ha gustado, aunque enseguida he visto que el lenguaje que usaba la protagonista no era el de una adolescente, si el final hubiera sido el de una adolescente el relato habría sido un fiasco. Por lo tanto mi enhorabuena, porque es ahí donde se da la clave del relato y se corresponde con el final.
Tenía ganas de leer algo tuyo y no me has defraudado. Un beso
Carmela
Una recomendación a todos:
Leed este blog:
http://creacionenmarcha.blogspot.com/
Un poeta y escritor excelente.Lo encontré de casualidad.Los dos primeros poemarios son una joyita.
¡El Zurdo ha vueltoo!
:)
Genial, querido, genial. Me ha encantado.
Jo, menudo requiebro. Me has tenido enganñado pero bien.
De todas maneras lo que más me ha llegado es la atmósfera del pueblo, quizás porque conozco alguno me ha precido de lo más real (y opresiva)
Qué fuerte jo. Conmovedor e imprevisible, me ha encantado. Pobreta.
Me ha encantado, Mariano. Contado como en tercera persona, un tanto aséptico, para llegar al final de esta emocionante historia.
Besos a siniestro.
Juder!
¡La cosidad misma!. El final del relato cae con manos libres como una piedra en la tierra, como lo sintiera Rilke en su Dinggedicht
Manzana plena,pera y banana/ grosella... Todo habla/ muerte y vida en la boca....siento..
Y sin embargo hay algo que no concuerda. Creo que es el concertar la pasión, el ponerle día y hora ..No, no fue así, tan frío , tan calculado . Parece que el dato del momento cae también como un tabique y el acto termina pués dibujado como algo distante y frío a pesar de que se le vistió de ternura de extremo a extremo.choca. No, no fue así.Fue distinto. Se encontraron aquella tarde y al mirarse no fue necesaria consigna, ni decir : "quiero follar contigo , ¿ Cuándo lo haremos?",porque inmediatamente se rompieron todos los diques en una naturalidad y pureza imposibles de describir ,pero en la medida suficiente como para hacerles gozar sin saber de antemano que eso llegaría a pasar.
Además ella era catequista y ambos tímidos.. no calza entonces en el cuadro más que unas ojos llameantes, unas mejillas coloreadas , una boca temblando y el enajenamiento irresistiblemente surgiendo y no una proposición tirada como invitación.
Por lo demás chapeau!!
Un relato buenísimo...sólo que, puf...lo de "tiene 17 pero parece más joven"...no sé. Entiendo que la represión, la timidez, el entorno y otros factores, nos ofrezcan tan sólo determinadas posibilidades de subsistir, amar y relacionarnos. Pero también... habría que verse en el caso. No sólo somos fruto de las circunstancias, sino que también podemos cambiarlas o luchar contra ellas. Soy de la opinión "somos prisioneros de nosotros mismos".
Por otro lado, no creo que todo deba darse bajo unos cauces establecidos, en absoluto. Pero lo que es yo, le guardo un profundo respeto a ciertas cosas.
Un besito, Mariano.
Carmela, me alegro de que no te haya defraudado. Pero fíjate tú que la literatura permite que, aun si hubiera elegido el final más previsible, se pueda narrar algo igual de interesante o igual de aburrido.
Alena.Collar, anotada queda la recomendación.
Irreverens, supongo que te refieres al Zurdo escritor. Nunca se fue, ahora escribe a escondidas…
Pedro Escudero, desde luego que la atmósfera es necesaria para que el argumento sea consistente.
Wen, me alegro de que te haya gustado, de verdad.
Isolda, hay escritores de primera persona y escritores de tercera persona. Yo casi siempre me decanto por la primera, pero porque me es mucho más fácil.
Anónimo, tu propuesta es una más de las miles que encajarían en esta historia, porque lo bueno de relatar/novelar es que te permite ser congruente e incongruente, te permite prácticamente todo.
Lidia, la literatura te permite convertirte en asesino en serie, aunque seas incapaz de matar una mosca. Te permite defender lo que rechazas y odiar lo que adoras. Esa es una de las magias de escribir, que termine ampliar tus propios puntos de vista sin tener que asumirlos como propios.
Besitos/azos congelados para todos y todas.
Echábanse de menos los relatos zurdos, sí señor. Y es que hay algunas catequistas, tengan más o menos de cincuenta, que siempre dan mucho juego. Juego literario, quiero decir.
Bueno, bueno, bueno...
Que bueno, lo volveré a leer porque me ha encantado.
Sau2
Genial¡¡¡¡¡¡ Se le iba a pasar ya el arroz... ;^P
dirty saludos¡¡¡¡¡¡
JOOOOOOOOOOOOOOOOOODER me he quedado flipando! Así que esto es lo que te traías entre manos?
mooola!
Muy bueno, Mariano! Esas dos últimas líneas son la clave de todo, sin ellas lo demás no sería nada. Con ellas, casi una obra maestra.
Un abrazo.
Ah sí?
....Pero no era una propuesta .Es que sucedió así realmente .
Novelar permite ser congruente o incogruente, pero en cualquiera de las dos opciones, el relato tiene que ser coherente con la base de la que se parte. Por eso los Pérez Reverte ,los Marías y los Muñoz Molina antes de lanzarse a escribir se documentan hasta el punto de "vivir"la vida que real o imaginariamente vivió el personaje.
No se puede partir de que una catequista reprimida de 50 años...¡una catequista! ,¡oh Dios! se concertara un polvo luego de un bofetón a un inocente niño que sólo sabía de sexo lo que aprendió en la tele.
¡ Cuántas pornos nos tragamos ,eh !
Pecadoooorr!
Creemos que ver las cosas desde fuera (digo por persona ajena al escritor) puede ser útil para ayudar a obtener otras vías de resolución y ofrecer la objetividad necesaria para llegar a la luz
Nunca es tarde si la dicha es buena en cualquier caso, por supuesto en éste.
Un abrazo
Caramba iba yo volando y me caí en este espacio, el cual “conozco su dueño”. Nunca había leído nada de él, y… la verdad sea dicha, me encanta- este y otros que acabo de leer. Vaya baya con el relato… yo pensando que sería una adolescente de éstas espabiladas… y resulta que se trata de una cincuentona. Sorpresa con el final. Quizás pudiera para en la realidad- algo así. Felicidades Mariano, he pasado un rato entretenido. Un saludo. Se feliz.
¡Hola, Mariano!
En realidad ya comenté en esta entrada, pero hoy he rescatado este texto tuyo para leéselo a unos amigos durante una cena-reunión literaria. Me ha recordado muchísimo a un texto que escribió una amiga mía y publicó en nuestro blog. Te paso el link por si te apetece leerlo :) http://blasfemicos.wordpress.com/2010/06/26/leche-merengada/
Un saludo,
Paula
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